¿CEO o capos del narcotráfico?

¿CEO o capos del narcotráfico?

Vieron en las drogas opioides una inmejorable oportunidad para hacer crecer sus ganancias. 

29 de abril 2019 , 07:30 p.m.

La semana pasada, por primera vez, las autoridades federales estadounidenses acusaron a una compañía de distribución de farmacéuticos de tráfico ilícito de drogas. Este tipo de acusación solo se había usado en contra de carteles del narcotráfico y distribuidores en las calles, nunca contra compañías con fachada legal y del tamaño de esta, la sexta distribuidora de farmacéuticos más grande del país.

A Rochester Drug Cooperative se la acusa de distribuir ilegalmente drogas que contribuyeron a generar la actual epidemia de consumo de opioides en Estados Unidos. Al parecer, la compañía envió cantidades inimaginables de oxycodone y fentanyl (ambos medicamentos opioides legales para el tratamiento del dolor) a farmacias que estaban vendiendo ilícitamente estas drogas. En concreto, el Gobierno acusa a Rochester, además de distribuir drogas, de conspirar para hacerle fraude al Estado y no reportar órdenes médicas que a las claras eran sospechosas.

El Gobierno y la compañía llegaron a un acuerdo que requerirá el pago de 20 millones de dólares por esta última, y someterse a una supervisión de 5 años por un ente de monitoreo independiente. Varios de sus más altos ejecutivos también fueron acusados, y mientras unos tomaron la decisión de declararse culpables y negociar con la justicia, otros enfrentan penas de entre 10 años y cadena perpetua.

El Gobierno de EE. UU. acusa a Rochester, además de distribuir drogas, de conspirar para hacerle fraude al Estado y no reportar
órdenes médicas que a las claras
eran sospechosas.

La cosa no es para menos: en cuatro años, la compañía pasó de vender 4,7 millones de dólares en oxycodone (en 2012) a vender 42,2 millones en el 2016. En el caso del fentanyl, las cifras son aún más escalofriantes: pasaron de suministrar 63.000 dosis a 1,3 millones en el mismo lapso.

Pero Rochester está lejos de ser la única compañía en líos por la epidemia de los opioides. La filantrópica familia Sackler, dueña de Purdue Pharma y famosa por sus donaciones a museos, está en el centro del escándalo. Cardinal Health, McKesson y AmerisourceBergen también están en una lista de más de 15 grandes compañías que tienen los días contados antes de ir por el mismo despeñadero por el que rodó Rochester la semana pasada.

El Gobierno estadounidense ha empezado a prestar atención a estas compañías gracias a que en las últimas dos décadas, la adicción a los opioides legales y suministrados con prescripción médica ha causado la muerte por sobredosis de más de 200.000 personas en Estados Unidos.

Llama poderosamente la atención que, por culpa de este nuevo proceso judicial, las compañías farmacéuticas estadounidenses de mayor renombre y reputación hayan quedado al mismo nivel de cualquier capo del narcotráfico o cualquier dealer de esquina. El tipo de criminalidad del que se las acusa es exactamente el mismo, y las penas que les serán impuestas son igualmente duras. Luego se trata de un negocio que está sufriendo transformaciones profundas: los cuellos blancos, las corbatas y el mundo de los grandes ejecutivos de la millonaria industria farmacéutica están hoy al nivel de Pablo Escobar y el ‘Chapo’ Guzmán.

En el capitalismo, negocio es negocio, y aunque se tardaron en llegar, los ejecutivos de estas grandes firmas vieron en las drogas opioides una inmejorable oportunidad para hacer crecer sus ganancias. Estas drogas, sin control de los médicos, las farmacias y la industria, generan adicción, y la adicción genera más consumo. El negocio es redondo y, como ocurrió con el consumo de tabaco en su época, estas compañías se niegan a asumir la responsabilidad que han tenido en la gestación de la más peligrosa crisis de salubridad que haya experimentado la potencia. El poderoso enemigo de las drogas ya no es solo una amenaza externa, ahora ataca desde adentro, blanco, elegante y con pose de ejecutivo. Nunca fue más peligroso.

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