Un milagro de la Navidad

Un milagro de la Navidad

Si el Estado no llega a los barrios periféricos, es deber de la sociedad civil unirse para ayudar.

28 de noviembre 2019 , 07:00 p.m.

Cuando en una visita con el Banco de Alimentos de la Arquidiócesis conocimos la ludoteca que estaba implantando Diana Jiménez, la psicóloga de la Fundación Biopsicosocial del barrio San José de los Campanos, en Cartagena, quedamos impresionados por las necesidades de este barrio de desplazados y población en riesgo, y decidimos adoptar el sector Revivir de los Campanos.

Fue así como organizamos una cena navideña para 106 niños de la ludoteca, que se volvieron 200 a la hora de los regalos, y al calor de los villancicos nos comprometimos para desarrollar un proyecto muy ambicioso: en una casona comunal, ahora sin uso, dotar a la comunidad de un centro social que incluya una casa de la cultura, un centro de salud, un comedor infantil, una ludoteca, un auditorio, unas aulas de reunión y, finalmente, una huerta comunitaria de la tercera edad, que ya estamos implantando con la generosa ayuda del Sena.

Y esto es lo que estamos necesitando: amigos muy generosos para cumplir este sueño que le servirá al barrio y salvará a centenares de niños de las trampas de la calle y del veneno del ocio. Con Gabriel, el ‘Indio’, y nuestro arzobispo Jorge Enrique Jiménez decidimos dedicarnos a esta obra concreta como un experimento para repetir en otros barrios. En Revivir, una líder social de racamandaca, doña Agripina, de la junta administradora de la casa comunal, nos ayudará a obtener la colaboración del barrio para que sean ellos mismos quienes vayan a decidir y comandar en este, que para nosotros es un proyecto de vida.

Necesitamos que se vincule el mayor número de donantes; necesitamos de todo, para el bien de todos. Si el Estado no llega a estos barrios periféricos, es un deber de la sociedad civil unirse para ayudar a nuestros hermanos más pobres. No podemos quejarnos de la inseguridad sin tratar de rescatar una adolescencia en riesgo, dándole oportunidad, sitios de reunión que no sean las cantinas o las covachas de las pandillas, que tanto daño les están haciendo a nuestros jóvenes desempleados y sin futuro. Es increíble la felicidad que produce estar metidos en un proyecto social de tanta dimensión. Por eso quiero invitar a todos, amigos, parientes, conocidos, desconocidos, a compartir la felicidad de “dar”, acompañándonos en este sueño, que solo con la ayuda de todos puede volverse una maravillosa realidad que nos hará sentir mejores ciudadanos y, sobre todo, mejores seres humanos.

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