Telecaribe

Telecaribe

La contaminación auditiva hace parte de nuestra cultura.

25 de julio 2019 , 07:06 p.m.

Cuando Juan Manuel Buelvas, gerente de Telecaribe, me invitó a formar parte de su nuevo proyecto, el serial Love Motel, dirigido por Víctor Cantillo y Diego Oso Romero, acepté inmediatamente.

Primero que todo, por el rol muy interesante y un reparto de lujo, y, segundo, por ser de Telecaribe, que últimamente hace una mejor televisión que los canales privados; además, tuve el placer, hace 25 años, con José Jorge Dangond, primer gerente del canal recién fundado, de realizar una transmisión experimental del Festival Cuna de Acordeones en Villanueva, tierra de Beto Barrios.

Fue una experiencia maravillosa hecha con los dientes; recuerdo que nos desplazábamos en una camioneta Wartburg, y por primera vez utilizamos unos nuevos equipos para lograr la primera gran transmisión del naciente Telecaribe. Otra razón para aceptar fue que la locación principal del serial era Puerto Colombia. El puerto me recordaba a mi compadre Alejandro Obregón, que con su mujer, Sonia Osorio, tenía una villa con jardín en la cual el gran maestro pintó un mural de la familia que todavía han salvado, no sé cómo.

Es normal en una misma calle escuchar cuatro músicas diferentes con una misma característica: el volumen al máximo de decibeles. Si sigue así, no vamos a oír ni nuestra propia voz

Otros recuerdos de Puerto Colombia incluyen a un caro amigo (que en paz descanse), don Manlio Mancini. Manlio, siempre vestido de blanco, era famoso por sus fiestas radical chic, citas en las cuales participaban todos los intelectuales que estaban de paso en Barranquilla y toda la inteligencia local.

Así que llegué al puerto lleno de expectativas, y el comienzo fue maravilloso porque nos hospedaron en un hotel boutique precioso, con un personal atento y eficiente, y la grabación se desarrolló sin problemas.

Pero, y siempre hay un pero, el primer fin de semana fuimos atacados por ‘la cultura del ruido’: con permiso del alcalde se desarrolló en las playas frente a Portobello un festival de picó (instrumento de tortura con sonido como de concierto de los Rolling Stones). Desde las 8 de la mañana hasta las 8 de la noche fuimos bombardeados por millones de decibeles que hacían retumbar los muros de las habitaciones; así tratamos de escapar y nos dirigimos hacia la plaza principal, pero el remedio fue peor, ya que había un concurso de belleza en una tarima con una amplificación inclemente, en batalla con los malditos picós.

La contaminación auditiva hace parte de nuestra cultura, en la que es normal en una misma calle escuchar cuatro músicas diferentes con una misma característica: el volumen al máximo de decibeles. Si sigue así, no vamos a oír ni nuestra propia voz. ¡Dios nos libre!

Empodera tu conocimiento

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.