… se fueron los peloteros

… se fueron los peloteros

No acepté que un problema de plata me borrara del alma el sueño de viajar y de quedar campeón.

16 de mayo 2019 , 07:00 p.m.

Cuando mi equipo, el Béisbol Club Napoli, se preparaba para viajar a Messina al campeonato nacional de sóftbol, nos llegó la mala noticia de que no había dinero suficiente. Así que viajarían solo los titulares, y nosotros –las reservas– nos quedaríamos en la banca una vez más.

Nuestro mánager, Gianni de Bury, nos reunió y nos dio la mala noticia, pero a los diecisiete años las desilusiones no se quedaban en el pecho apretado; a esa edad no acepté que un problema de plata, el vil dinero, me borrara del alma el sueño de viajar y de quedar campeón, como efectivamente sucedió.

De manera que decidí viajar, como fuera: a pie, a dedo, en tren, en camión. Naturalmente tuve que mentirles a mis padres, que me dieron permiso de partir y me dieron unas cuantas liras para emprender el viaje con mi equipo.

Los primeros 25 kilómetros sí los hice a pie, de Napoli a Pompeya, bordeando el Vesubio. Caminé casi todo el día y, al atardecer, después de pagarle respeto a la Madonna milagrosa, con el poco dinero que tenía compré un pasaje en tren que me llevaría a pocos kilómetros de Pompeya, pero la idea era evitar el controlador de tiquetes y llegar hasta Messina, o por lo menos lo más cerca posible, con unos trucos que hacíamos cuando íbamos en tren a seguir el equipo de fútbol fuera de casa.

Y así, a pie, llegué hasta el estadio, y entre los gritos incrédulos de mis compañeros me uní al equipo, y, como premio, jugué de titular y ganamos el campeonato.

Uno de esos trucos era apostarse a lado de la puerta del compartimento cuando el control entraba a revisar los pasajeros, y dar un paso lateral para que el señor que seguiría hacia adelante entrara en otro compartimento y continuara su control.
El otro truco me lo improvisé cuando el tipo me agarró en el corredor y me pidió el tiquete. Yo le dije que lo tenía en el compartimento más atrás, y me le escapé cambiándome de ropa. Pero el final fue dramático, porque ya el tipo estaba sospechando cuando nos hallábamos cerca del estrecho de Messina y estábamos haciendo maniobras para embarcar el tren en el trasbordador para llegar a Sicilia. El señor me vio y me reconoció, pero yo, rápido, me bajé de la carroza y desaparecí entre los vagones.

Y así, a pie, llegué hasta el estadio, y entre los gritos incrédulos de mis compañeros me uní al equipo, y, como premio, jugué de titular y ganamos el campeonato. Y fue la primera vez que salí en la prensa.

‘A pie para ganar el campeonato’ tituló Il Mattino di Napoli.

Sal de la rutina

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