Poder ciudadano: sí se puede

Poder ciudadano: sí se puede

Una victoria del ciudadano de a pie, del que sí quiere su tierra y busca defender la naturaleza.

05 de septiembre 2019 , 07:00 p.m.

Cuando, a raíz de la emergencia ambiental en el cuerpo de agua de El Laguito, en Cartagena de Indias, comenzaron a aparecer miles de peces muertos en la superficie y las autoridades competentes (?) –la Epa, la Alcaldía, la Dimar, el Ministerio de Ambiente– no aparecían con ninguna solución, un ciudadano preocupado invitó a todos los habitantes del barrio a un ‘palatón’ para que todos, armados de palas y picos, le abriéramos una entrada a El Laguito a la preciada agua del mar Caribe.

Es decir, cavar una canaleta para permitir la entrada de agua limpia. La mayoría de los expertos culpan al espolón del hotel Hilton de haber cegado la boca de El Laguito; no contentos con la playa que se habían adjudicado sin permiso los hoteleros, construyeron el espolón maldito que causó el cierre definitivo de la boca de El Laguito y su muerta lenta.

Grandes, chiquitos, mujeres, jóvenes, viejos, gordos y flacos, sudando la gota gorda, les demostraron a las autoridades que si se quiere, se puede

Y ya la justicia los había condenado a resarcir a los cartageneros de semejante atropello. El tribunal los condenó a construir un parque para la ciudad, pero, como siempre en nuestro país, nadie se preocupa de hacer respetar la ley, y así nunca nada pasó, ni parque, ni abertura, ni ná. Un verdadero ecocidio.

Confieso que fui uno de los muchos incrédulos que pensamos que era imposible. Hasta me atreví (sabelotodo) a escribir que eso era un gesto simbólico, hasta que mi querida amiga Elisa Thiriez me contestó en puras mayúsculas (gritándome): ¡ESTO NO ES SIMBÓLICO! Y no lo fue. No pude participar en esta victoria del ciudadano, pero los estuve espiando desde mi ventana y los vi. Grandes, chiquitos, mujeres, jóvenes, viejos, gordos y flacos, sudando la gota gorda, les demostraron a las autoridades que si se quiere, se puede, sin tantos estudios, sin tantos laboratorios, con la mera voluntad. Y, como decía mi abuelo: con puro aceite de codo.

Y al final, uno de los participantes, conocido constructor, puso a disposición una retroexcavadora que ya bautizaron ‘la pajarita’, y la canaleta se volvió una canal, y las garzas blancas volvieron a alimentarse de las especies que entraban y salían del lago. Una foto espectacular de Karen Siefkin testimonia esta bellísima victoria del ciudadano de a pie, del ciudadano que sí quiere su tierra y lo que hace lo hace con el solo fin de defender la naturaleza, sin tantos estudios, sin tantos presupuestos, sin tanta corrupción.

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