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Playa Blanca, en peligro de muerte

Playa Blanca, en peligro de muerte

Hay que defender este recurso único contra el turismo desaforado, para el bien público.

19 de agosto 2021 , 08:00 p. m.

Cuando, hace siete años, en este mismo espacio describíamos el peligro inminente de la sobrepoblación turística en este paraíso, que se encuentra en un parque natural, esperábamos que las autoridades locales y nacionales tomaran las medidas que nuestra Constitución prevé para el mantenimiento de las áreas naturales más vulnerables, pero no. Hemos llegado casi a un punto de no retorno. 

Y sí que tenemos las armas que nos da nuestra carta política: el artículo 80 señala el deber del Estado de planificar el manejo y aprovechamiento de los recursos naturales para garantizar su conservación y restauración, así como controlar los factores de deterioro ambiental, imponer las sanciones legales y exigir la reparación de los daños causados.

Más claro no canta un gallo. Y falta el decreto 2811 de 1974 en su artículo 8.º, que pone de presente los factores que deterioran el ambiente, entre los cuales se destaca: “La contaminación del aire, de las aguas, del suelo y de los demás recursos naturales renovables”. Trata sobre la extinción o disminución cuantitativa o cualitativa de especies animales o vegetales o de recursos genéticos; la alteración perjudicial o antiestética de paisajes naturales; la acumulación o disposición inadecuada de residuos, basuras desechos y desperdicios.

Una multitud de extranjeros disfrazados de turistas, que llegan en sus naves, comiendo y contaminando.

Y el artículo 9.º del mismo decreto 2811 establece que el uso de elementos ambientales y de recursos ambientales renovables debe hacerse de acuerdo con unos principios: “... no se podrán utilizar por encima de los límites permisibles que produzcan el agotamiento o el deterioro grave de estos recursos o se perturbe el derecho a ulterior utilización en cuanto esta convenga al interés público”.

Es decir, hay que defender este recurso único contra el turismo desaforado, para el bien público. La sobrecarga de recibir más de 4.000 personas significa unos números: 90 buses, más de 10.000 bolsas de agua, 150 cajas de gaseosas, 500 kilos de pescado, miles de litros de aceite, una plantación de plátano y parqueaderos, disposición de basuras, baños y letrinas, aguas servidas, servicio de limpieza y de salvavidas, presencia policial y vigilancia, y todo esto diariamente. Una multitud de extranjeros disfrazados de turistas, que llegan en sus naves, comiendo y contaminando.

La invasión es sistemática desde cuando el bicho de la infraestructura les picó a unos innovadores inmediatistas, construyeron un puente vehicular que abrió el boquete a la llegada de los invasores.

SALVO BASILE

(Lea todas las columnas de Salvo Basile en EL TIEMPO, aquí)

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