Pica contra la historia

Pica contra la historia

Muchos pensaban que las murallas eran las culpables del estado de decadencia de la ciudad.

19 de septiembre 2019 , 07:00 p.m.

Cuando Cartagena cumplió los 450 años de su fundación, me tocó en suerte producir con Telecosta un documental de 4 horas, dirigido por Eduardo Lemaitre, insigne historiador y autor de la Historia general de Cartagena.

Con la asistencia de Moisés Álvarez, director del museo del Palacio de la Inquisición, y Juan Lemaitre, hijo de Eduardo, nos atrevimos a documentar desde la Conquista hasta los tiempos modernos. En las tantas horas que tuve el honor y el placer de compartir con don Eduardo, me contó detalladamente el episodio de la demolición de parte de la muralla, en aras del susodicho progreso y de otras razones de ineficiencia que me recordaban, una vez más, el cuento del marido cornudo que tira el sofá por la ventana porque no puede controlar a la mujer adúltera.

Muchos cartageneros desarrollistas a ultranza pensaban que las benditas murallas eran las culpables del estado de decadencia de la ciudad, que estaba encerrada en su corral de piedras. Además del largo giro que había que dar para ir desde el centro hasta Getsemaní, los cartageneros habían convertido las murallas en una letrina pública, y, aunque desde afuera parecía imponente, por dentro no era sino un muro carcomido por el salitre y el tiempo.

Además, en las murallas había cuatro puntos neurálgicos que las autoridades no podían controlar: uno era el Hoyo del Pescado, un túnel que atravesaba la muralla sobre la misma plaza de los Coches, que servía de descarga en las grande lluvias y era el acceso de los pescadores de La Boquilla “y no era propiamente un dechado de limpieza y buen olor”.

Otro era la plaza de Carnicería, un entorno sucio, poblado de gallinazos que se peleaban a picotazo limpio los desperdicios de carne y huesos. Y seguía otro portal, llamado el portal de los Burros, donde los campesinos amarraban sus animales, que allí naturalmente ‘descargaban’ cantidades de estiércol.

El tercer punto imposible de controlar era el Boquete, donde merodeaba toda el hampa. Y más allá, en la calle del Cancel se hallaba un barrio de prostitución llamado Cuatro Estacas.

Así que, en lugar de poner a funcionar la autoridad competente, los dirigentes de la época prefirieron tumbar las murallas de la puerta del reloj hasta la India Catalina, y afortunadamente no pudieron seguir con la demolición vandálica porque esos muros de argamasa y piedra de coral fueron más fuertes que la pica ignorante que los quería desaparecer.

Empodera tu conocimiento

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.