‘¡Libro, no!’

‘¡Libro, no!’

La culpa no es de los niños, sino del sistema, que los tiene abandonados a su suerte de niños pobres

09 de enero 2020 , 07:00 p.m.

Cuando mi amigo Mauricio Rodríguez me informó que ya podía retirar su donación para la cena navideña de Revivir de los Campanos, toda clase de ideas y proyectos se asomaron a mi mente. La donación era de 100 libros, imagínense: la base para formar una pequeña biblioteca. De Julio Verne a Stoker, a los hermanos Grimm, al aventurero Jack London; desde Un capitán de quince años hasta Drácula.

Ya optimista, yo pensé en fundar el primer club de lectura de san José de los Campanos y, con este sueño en la mente, comencé a distribuir regalos en mi disfraz de Santa. Fueron más de 400 niños que con la ayuda de Caracol Televisión, de Socemac, de mi amigo Fidel Martínez, de mi ahijado Enrico Benedetti, de Elisa Thiriez, de mi prima Viviane, de mi amiga Majo, de la bella Eugenia, de la espléndida Mara Bechara, recibieron su regalo: juguetes, sobre todo a los de 10 u 11 años.

Les podemos dar un día alimento para el estómago, pero debemos alimentarlos mentalmente para afrontar el futuro

Comencé a entregarles, además del juguete, un libro. Mas, con dolor en el alma, me di cuenta de que en lo más mínimo estaban interesados, y hasta algunos rechazaron el regalo con un sonoro “¡libro, no!”. De una noche estupenda en la que hubo donaciones en comida de Juan del Mar, de Pietro Abbrescia, de Claude Pimont y de una generosa Crepes and Waffles, en la cual hubo también cantos, bailes, villancicos, esta actitud de los niños hacia los libros significó para mí un salto al vacío, una inesperada desilusión, un mea culpa que todos nosotros deberíamos admitir, porque, evidentemente, la culpa no es de los niños, sino del sistema, que los tiene abandonados a su suerte de niños pobres, maleducados por la televisión que sin piedad los bombardea de imágenes sin sentido y no piensa en la educación, sino en el rating.

Pero no me voy a quedar con este dolor. Así que con la ayuda de unos amigos y de los líderes del barrio hemos decidido de verdad fundar un club de lectura en Revivir de los Campanos. Afortunadamente hay gente valerosa como Diana Jiménez, de la ludoteca de la Fundación Biopsicosocial, y Agripina Perea, de la junta del barrio, que han entendido mi pesar y se dan cuenta de que una de las condiciones para que estos niños progresen es la educación, y esto lo vamos a lograr aportando un granito de arena, ablandando a los niños, como dice Nacho Vélez, para que no rechacen el libro.

Porque les podemos dar un día alimento para el estómago, pero debemos alimentarlos mentalmente para afrontar el futuro. La tarea es grande.

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