Elogio del libro

Elogio del libro

Siempre me han apasionado las palabras, y esta colección del Instituto Caro y Cuervo es un tesoro.

13 de junio 2019 , 07:20 p.m.

Cuando decidí que ya estaba bien de tanto internet, de tantas redes sociales, de tanto juego en línea, de tanto porno, de tanta búsqueda enfermiza de información, de tanta adicción a la televisión, a la radio, a Julito, a mi Lucas, me senté frente a mi biblioteca para buscar algo que leer y me di cuenta, ¡horror!, que más de la mitad de todos los libros que estaban allí yo no los había leído ni abierto, algunos; me dio algo de vergüenza e hice el propósito de enmendar esta culpa imperdonable. Así que comencé con el más grande: una bellísima edición del Instituto Caro y Cuervo del Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, un regalazo de mi amigo Roberto Pombo de los tiempos de Viva FM de Caracol Estéreo. Me tocó el tomo sexto, de la L-N, y al azar abrí la página, recordando el juego del diccionario de Antonio Caballero, que fue para mí, de lengua madre italiana, un ejercicio de aprendizaje que me sirvió por toda la vida.

Me senté frente a mi biblioteca para buscar algo que leer y me di cuenta, ¡horror!, que más de la mitad de todos los libros que estaban allí yo no los había leído ni abierto

Sí. Sin esperar más, abrí, y me tocó el adjetivo ‘malo’, de la página 268 a la 283, en todas sus acepciones. La primera es “Ineficiente”, y no podía faltar una cita del Quijote: “Afirma que esta muerte es vida, que así se la dé Dios a él y a todos los de su ralea: digo, a la de los malos médicos, que la de los buenos palmas y lauros merecen”. Y de Cervantes a García Márquez, el paso es breve: “Ese día se metió en el agua por un mal camino y no lo encontraron hasta la mañana siguiente, varado en un recodo luminoso y con un gallinazo solitario parado en el vientre”. Y Unamuno, grandioso: “El acto pasa, la intención queda y lo malo del mal acto malea la intención, que haciendo mal a sabiendas se predispone uno a seguir haciéndolo, se oscurece la conciencia”. Y Horacio sentencia: “Nuestros padres, peores que nuestro abuelos, nos engendraron a nosotros aún más depravados, y nosotros daremos una progenie todavía más incapaz”.

Siempre me han apasionado las palabras, y esta colección del Instituto Caro y Cuervo es un tesoro de información e indispensable para todos, sea el que escribe o el que lee.

Y no me quiero poner aquí de consejero de nadie. Siempre he agradecido mi suerte de vivir en esta época, cuando las informáticas lo ponen a uno en el centro del universo, pero quiero notificarles que desde cuando he limitado mi contacto con el mágico internet, duermo mucho mejor. ¡Sí, señor!

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