Dos papas, dos iglesias

Dos papas, dos iglesias

Esto del celibato ha causado otro escándalo en la Ciudad del Vaticano.

23 de enero 2020 , 07:10 p.m.

Cuando Netflix le propuso al director brasilero Fernando Meirelles la realización de esta icónica película, lo que más lo convenció fue el nombre del guionista, Anthony McCarten, quien escribió la premiadísima Bohemian Rhapsody y en Los dos papas, película nominada a varios Óscar, arma una entrevista ficticia entre Bergoglio y Ratzinger en la cual Jonathan Price y Anthony Hopkins dan una clase magistral de actuación, deleitándonos con este duelo verbal entre el conservador papa emérito y el revolucionario cardenal Bergoglio.

Pero no es de la película de lo que quiero hablar, sino de la gran polémica dentro de la paquidérmica curia romana, que acusa a Francisco de hereje porque se atrevió a proponer en el Sínodo Amazónico que en zonas remotas de la Amazonia, hombres mayores y casados podían ser ordenados, y el texto sugiere que sean hombres respetados de las comunidades indígenas donde quieran trabajar.

Esto del celibato ha causado otro escándalo en la Ciudad del Vaticano: un libro, Desde lo más profundo de nuestro corazón, editado en Francia, sobre el celibato y escrito por el cardenal negro Robert Sarah, el prefecto de la Congregación para el Culto Divino, en cuya portada aparecía el nombre de Benedicto como coautor y que fue retirado por orden del mismo Ratzinger, por su escozor de hablar del voto de castidad de los curas católicos, el famoso celibato, olvidando la cantidad de millares de victimas juveniles e infantiles del acoso sexual de sacerdotes pederastas.

Hasta cardenales han sido castigados por el Papa argentino, quien finalmente ha acabado con el secretismo (Secreta continere) de la curia romana, por la que “los asuntos tratados por ella al servicio de la Iglesia universal están cubiertos de oficio por el secreto ordinario, cuya obligación moral debe ser establecida bien por una prescripción superior o por la naturaleza e importancia de la cuestión. Pero en ciertos asuntos de mayor importancia se requiere un secreto particular, que es llamado secreto pontificio y debe ser custodiado con obligación grave”.

Francisco no goza de las simpatías de los cardenales que componen esta confraternidad, que es la curia romana, que no le ha perdonado el hecho de no haber aceptado la cantidad de lujos de los viejos cardenales tradicionalistas, de insistir en sus almuerzos con amigos callejeros, de haberse quedado en la espartana residencia de Santa Marta y de recordar siempre a los pobres en todas sus oraciones. ¡Que Dios lo ilumine!

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