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La virtualidad desigual

La virtualidad desigual

El internet sobrecargado es solo un pequeño problema, porque hay muchos que ni siquiera lo tienen.

Ver a mis dos nietos, Miranda y Lorenzo, frente a sus computadores recibiendo con fruición sus clases virtuales me llena de orgullo de abuelo y de agradecimiento con el sistema por tener esta herramienta que permite a los niños en tiempo de pandemia recibir sus clases en un ritual mañanero que cumplen rigurosamente, conscientes de la importancia y sacando de la virtualidad todo el provecho de seguir educándose.

Pero este ambiente que estoy describiendo sucede en un universo ideal que es completamente diferente para la mayoría de los niños colombianos. Conozco personalmente las condiciones de vida de los niños de Revivir de los Campanos. Un barrio periférico de Cartagena de Indias, de estrato 1 y 2. Son miles de niños que habitan en viviendas donde el ambiente escolar es inadecuado: falta de luz, de mesas de trabajo, computadores, libros, entornos agradables para el estudio. Las condiciones de un espacio iluminado, limpio y organizado son necesarias para el aprendizaje.

Por eso, con gran esfuerzo, sin ayuda del Estado, nuestra fundación, Corazón Contento, ha organizado un salón de clase con tabletas, un computador y la asistencia de profesoras voluntarias que acompañan a los niños. Pero en todos estos meses de pandemia, un Estado paquidérmico e ineficiente no ha sido capaz, ni siquiera después de una colecta nacional para comprar tabletas y computadores, de distribuir millares de herramientas para que los niñas sigan aprendiendo de manera virtual.

Conozco niñitos que estudian en el celular de mamá, que muchas veces tiene planes prepago de datos y no pueden estar conectados por largo tiempo. El otro problema es la conectividad. El internet sobrecargado en muchos casos es solo un pequeño problema, porque hay muchos que ni siquiera lo tienen. ¡No hay derecho! ¿En qué quedaron las promesas de conectar a todos los colombianos? ¿Cómo pretendemos educar a las generaciones futuras sin los mínimos implementos para estudiar? Y no estoy hablando solo de los niños, los universitarios tienen los mismos problemas.

Esperemos que las fantásticas vacunas lleguen a tiempo para volver a la normalidad, porque no dimos la talla para enfrentarnos a esta emergencia sanitaria que se ha vuelto una emergencia económica y social. Mucho lockdown, mucho quedarse en casa y nada de ayuda para los más pobres. Lo mínimo que ha debido hacer el Estado es asignar un sueldo a todos y cada uno de los colombianos de estrato bajo, víctimas directas o indirectas de esta ‘peste’ moderna.

Salvo Basile

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