Ostracismo social

Gente corrupta, que es capaz de robarle el pan a los pobres, no merece ser parte de nuestro entorno.

06 de agosto 2020 , 09:25 p. m.

“La corrupción es un enemigo de la República. Y el corrupto debe ser golpeado sin ninguna circunstancia atenuante, sin ninguna piedad; dar solidaridad por razones de amistad o fiesta significa convertirse en cómplices de estos corruptos”, expresó Sandro Pertini, presidente de la República Italiana. En el discurso de clausura de su mandato constitucional nos indicó un camino que todos los ciudadanos, especialmente los de la clase deliberante y la clase dirigente, deberían recorrer en la lucha contra la corrupción, campante en nuestra Colombia.

Cerrarles a los corruptos nuestras casas, nuestros clubes; cerrarles el acceso a nuestras vidas. Gente corrupta que es capaz de robarles el pan de la mesa a los pobres, que por sus actos ignominiosos pone en peligro la salud de los colombianos más vulnerables; no merecen ser parte de nuestro entorno familiar y social. Es increíble la cantidad de entuertos, de prevaricatos, de físicos robos que el maravilloso esfuerzo del alcalde mayor de Cartagena y su ejército de investigadores han revelado en la tercera edición del libro blanco.

Libro blanco de la ignominia que algunos ciudadanos están criticando, instando al alcalde a gobernar como si no se tratara de hacerlo en la búsqueda y la condena de los malandrines que han atentado por decenas de años contra el erario del distrito, retrasando la inversión social, el progreso y el rescate de una ciudad que tiene el vergonzoso récord nacional de pobreza absoluta.

Miles de millones entregados a fundaciones de garaje, ¿sin ánimo de lucro? Qué ridiculez tan grande. Lucro para ellos, para los malandrines de turno, miles de millones que nunca llegaron a beneficiar a los pobres; miles de millones para pagar unas obras que nunca se iniciaron; miles de millones para la infraestructura sanitaria que nunca fueron utilizados para construir, ni siquiera el más pobre, pequeño centro de salud. Colegios que están a punto de derrumbarse, cuyo presupuesto de arreglo ha sido pagado con anticipos de otros miles de millones: 8.000, 9.000 millones de pesos de anticipo, como si fueran cacahuetes. Y lo peor es que no les da pena cambiar su estilo de vida 180 grados, después de haber contratado con el Estado.

Conozco personajes que de tener una vivienda de clase media pasan a adquirir apartamentos en barrios de estrato 6 de 300 y 400 metros y de más de 3.000 millones, manejar carros de alta gama, sin explicar cómo un sueldo de pocas decenas de millones se multiplica o centuplica como en la lámpara de Aladino y su amado genio.

Salvo Basile

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