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Un pionero cartagenero

Un pionero cartagenero

Hoy, el 'tour' a islas del Rosario, inventado por mi suegro, es un simple viaje en flota. Lástima.

Cuando mi suegro, el célebre Roberto el ‘Conejo’ Lemaitre, recibió la noticia de la quiebra de la empresa aeronáutica Aerocóndor, se quedó sin palabras, y sobre todo sin trabajo. El ‘Conejo’, quien fue el fundador de la primera agencia turística cartagenera, la famosa Rabbit, sacó a relucir su creatividad y su innata capacidad de atender a sus huéspedes y se inventó lo que iba a ser el polo de desarrollo turístico más importante de la ciudad de Cartagena de Indias.

Él había heredado de su padre, un ictiólogo aficionado, una islita en el archipiélago de las islas del Rosario, localizado a 10° 26’ latitud norte-75° 33’ longitud oeste. La isla en cuestión, la isla del pirata que había servido como refugio para los pescadores que no terminaban a tiempo sus faenas, o que eran amenazados por las brisas invernales, con el pasar de los años se había convertido en el paraíso privado del grupo de amigos de mi suegro, que invitaba a todo su bonche a pasar vacaciones y fines de semana, donde la salud se mezclaba con abundantes libaciones.

Así que el ‘Conejo’ lo pensó mejor y se inventó el tour a las islas del Rosario, y comenzó a transportar con una lanchita de 30 pasajeros, la mítica Miss Banana, a miles de turistas colombianos y extranjeros. El viaje era perfecto. Salía a las 9 de la mañana del muelle Mai Thai, de Bocagrande, hacía una primera parada frente al fuerte de Manzanillo, hoy Casa de Huéspedes Ilustres, y explicaba a los navegantes la conformación de las defensas del puerto de Cartagena.

La entrada de Bocagrande, demasiado ancha para poder defenderla a cañonazos, fue rellenada por los españoles con una escollera submarina. Y más adelante, llegando a Bocachica, en otra parada cultural, ofrecía a los huéspedes una rodaja de piña, mientras explicaba que la única entrada a Cartagena era por el estrecho de Bocachica, defendido bravamente por el fuerte de San Fernando, que disparaba a los mástiles y a las velas y la batería de San José, que apuntaba a la línea de flotación.

Después, ya en mar abierto, su itinerario pasaba por Playa Blanca y entraba por la ciénaga de Cholón, un viaje de ensueño que no duró más de una generación porque con su desaparición la administración, por quién sabe cuál oscuro designio, canceló todo lo bueno y volvió esto en un simple viaje en flota. Lástima.

Salvo Basile

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