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¡Libertà, libertà, libertà!

¡Libertà, libertà, libertà!

Con este grito, restauranteros de Roma protestan por la prolongada clausura de bares y restaurantes.

15 de abril 2021 , 09:25 p. m.

Con este grito, un millar de restauranteros de la ciudad de Roma están ocupando la Piazza di Montecitorio o Palazzo Montecitorio, un edificio histórico de Roma situado entre la Piazza del Parlamento y la Piazza di Montecitorio, que alberga la sede de la Cámara de Diputados de la República Italiana. Entonando el himno nacional, el movimiento #IO APRO (Yo Abro) está atravesando toda Roma, acompañado de la policía antimotines que los dirige sin intervenir.

Están protestando por la prolongada clausura de bares y restaurantes de una de la ciudades más turísticas de Europa: solo el Colosseo recibe 8 millones de visitantes nacionales y extranjeros por año; una clausura que ya va a llegar al año completo y que, según ellos, es una exageración, rasante con la inutilidad, porque después de un año siguen los contagios y las muertes.

La tradición culinaria romana está compuesta mayormente por grandes familias especializadas en la gastronomía local, que tiene sus platos principales como gnocchi alla romana, carbonara puttanesca, penne al pomodoro; es decir que si un restaurante está cerrado, son cuatro o cinco familias completas que sufren, y el Estado promete mucho, pero los famosos subsidios han llegado con cuentagotas y la posibilidad de los domicilios apenas funciona para pocos afortunados.

La defensa de la salud ciudadana se limita al aspecto médico-sanitario, pero nadie se preocupa de la gente que vive del turismo. Los jornaleros del turismo, como son los meseros, los lavaplatos, los de servicios generales, quienes fueron dejados sin trabajo por la obligación del lockdown, el problema de los alquileres millonarios de los grande restaurantes y almacenes del comercio condenados a una cuarentena impiadosa que ha llevado a más de uno a la quiebra total.

Otro sector son los vendedores informales, los miles de ambulantes que venden al turista desde una foto con el gladiador Maximus hasta las monedas antiguas o las reproducciones de San Pietro. Tengo una prima que trabajaba en uno de los almacenes de objetos sacros en la vía de la Conciliazione, famosa por vender millones de euros a los turistas todos los días con su gracia cartagenera, y hoy está encerrada en la casa. El almacén está cerrado, y no sabe cómo hacer ahora que se acaban los ahorros. Está bien defenderse del coronavirus con protocolos, pero tampoco es justo morirse de hambre como muchos en la civilizada Italia, como en la tercermundista Colombia.

Salvo Basile

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