Un consejo al Concejo

Un consejo al Concejo

Señores concejales, tienen derecho de pelearle al Tractor, pero no afecten al cartagenero de a pie.

07 de enero 2021 , 09:25 p. m.

Cuando el doctor Uribe, de mano de su ministro de Comunicaciones, me concedió la ciudadanía colombiana, confieso que mi primer impulso, mi primera declaración de novel colombiano fue la de anunciar mi intención de lanzarme a la política en el rol de concejal de Cartagena. Me parecía lo mínimo que podía hacer para corresponder y agradecer al país y a la ciudad donde había vivido decenas de años feliz e indocumentado. Y si no fuera por mi amiga hermana Estelita de Suescún, nunca hubiera completado esta práctica por mi alergia a la burocracia. Pero Estelita casi me obligó a hacerlo, y con una bella ceremonia en el Palacio de San Carlos, acompañado de la familia y de mis amigos más caros, me encontré con la doble nacionalidad y lleno de buenas intenciones.

Pero, como repetía mi abuelo, el piso del infierno está pavimentado de buenas intenciones. Y fue así como fui a aconsejarme con el gran Javier Cáceres, un joven cartagenero, originario del barrio de San Francisco, que hizo una carrera política meteórica hasta llegar a la presidencia de la Cámara de Representantes. Javier me miró de reojo y sin desaconsejarme, de frente comenzó a explicarme todo el trámite de una campaña política. El primer paso para un ciudadano que quiera postularse y ganar las elecciones está vinculado al conocimiento previo de los recursos disponibles (en la práctica, cuánto dinero puedes invertir en la campaña electoral y cuántos voluntarios hay en el equipo).

Es decir, quienes se encargarán materialmente de la campaña electoral, por ejemplo: expertos en relaciones públicas, actos burocráticos o administrativos, marketing y redes sociales, empleados de la secretaría política, factótum, conductores, cajeros, creativos, caciques de barrio, buses, sancochos electorales, simpatizantes... confieso que no lo dejé terminar; mi idea se fue enfriando tanto que en ese mismo momento renuncié a ella y le agradecí al Chuzo su sinceridad.

Dirán ustedes: ¿a qué viene este preámbulo tan largo? A una pelea casada entre nuestro alcalde popular, William Dau Chamat, y el Concejo distrital. Señores concejales, ustedes tienen todo el derecho de pelearle al Tractor, pero no por esto tienen que afectarle la vida al cartagenero de a pie, que no tiene nada que ver con la política ni con la politiquería; ustedes no firman lo que ustedes mismos han propuesto y a mis niños del colegio no les dan su almuercito, y mi ciudad adorada se queda a oscuras. Así que pilas, concejales “representantes del pueblo”, respeten a los ciudadanos que los subieron allí. Consejo al Concejo.

Salvatore Basile

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