‘Ni los perros los sienten’

‘Ni los perros los sienten’

No imaginaban que con el pasar de los años serían los delincuentes comunes su principal amenaza.

28 de agosto 2019 , 07:00 p.m.

Todavía los marcan con el hierro de ‘paracos’, despojadores de tierras, indolentes latifundistas que no pagan impuestos. Por eso, la suerte de los ganaderos importa cero en círculos de poder e influencia bogotanos, máxime si no pertenecen a las roscas que los invitan a festivales vallenatos.

Miro el grupo que tengo frente a mí en San Juan del Cesar, departamento de La Guajira, y no veo que respondan a dicha descripción frívola y falaz. Sus hatos son de tradición de padres y abuelos, gentes que pasaron lustros sin poder pisar sus propiedades, pagando vacunas a paramilitares y guerrillas, y sufriendo, pese a ello, secuestros, asesinatos y, también, robos masivos y matanzas de sus animales.

Lo que no imaginaban entonces es que con el pasar de los años serían delincuentes comunes su principal amenaza. “Nos sacaron las Farc; luego, las Auc, y ahora nos desplazan estos bandidos. Antes era con armas; ahora, con el abigeato”, sentencia uno. “Una estrategia puede ser aburrirnos y comprar los predios por dos pesos. Las de San Juan son las mejores tierras para los productores de leche”, agrega otro. “La mayoría no tenemos latifundios, el que más cabezas tiene no pasa de 60 u 80; los demás, menos de la mitad. Estamos abocados a salirnos por la inseguridad”.

Temen represalias, tanto de los ladrones, algunos reconocidos en la zona, como de los cómplices que venden el producto a precio de huevo

Denuncian que está disparada la modalidad de entrar a las fincas entre 6 p. m. y una de la madrugada, matar una o varias reses, despellejarlas, trocearlas y llevarse la carne en carros. “Ni los perros los sienten. A este paso nos van a arruinar. Y les están pegando a las familias más vulnerables, las que levantan menos de 10 reses”, me dice un ganadero. “Son cuadrillas de entre 6 y 8 bandidos. El primero lo coge con un lazo, el segundo lo amarra y un tercero le mete el hachazo. Entre 2 o 3 lo trocean. No les importa que sea un toro fino de 10 millones ni que la vaca esté preñada. Solo les importa la carne”.

Ninguno de los presentes ni otros que entrevisto en Fonseca y en el contiguo Cesar quieren dar la cara. Temen represalias, tanto de los ladrones, algunos reconocidos en la zona, como de los cómplices que venden el producto a precio de huevo. “Cada vez que nos reunimos con la ley para analizar la situación, los rateros hacen una maldad en venganza”, esboza un entrevistado para justificar el anonimato.

En diciembre, el Congreso aprobó una ley que aumentó las penas por el abigeato, delito que sufren ganaderos en casi toda Colombia. Pero el problema radica en que deben atraparlos in fraganti, algo bien complicado, y tampoco se trata de un delito prioritario para las autoridades. Si los dos únicos investigadores del CTI de San Juan del Cesar tienen sobre sus escritorios un cerro de abusos sexuales, microtráfico, atracos violentos, lo del abigeato parece un delito menor. “Anotamos las placas de los carros que usan, hemos dado nombres de ladrones, y no siguen la investigación”, se quejan mis interlocutores ganaderos. “San Juan solo tiene 18 policías para cuidar a 50.000 habitantes y 22 corregimientos, y a veces no tienen ni para gasolina. Además, esa policía conoce quién es quién, varios llevan más de quince años y están acomodados”, añaden.

Cabría deducir que detrás del incremento de los robos de ganado está la caída en picada del contrabando de gasolina por la escasez en Venezuela. Pero expertos señalan que son delincuentes de perfiles distintos. “Los del contrabando no se mancharían las manos con reses. El gasolinero es muy fino”. Más probable es que pasen al desguace de vehículos robados. “San Juan es la capital del país en esa modalidad”, anota un policía.

Unos ganaderos apuntan a que necesitan más pie de fuerza del Ejército; otros, sin embargo, sugieren un pequeño grupo de buenos investigadores para desmantelar la red que vende la carne.

“Más importancia le dan a un celular desechable que a un animal que demora nueve meses en nacer y otro tanto en crecer. Con el robo, también perdemos el trabajo invertido”. ¿Hará algo este gobierno?

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