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Más mujeres, más progreso

Más mujeres, más progreso

Los obstáculos se agudizan dependiendo de las regiones y de las condiciones socioeconómicas.

12 de septiembre 2021 , 09:38 p. m.

Son muchos los artículos que se han escrito recientemente a raíz del regreso de los talibanes al poder en Afganistán, y en particular respecto al riesgo que esto implica para las mujeres de ese país, en términos de los avances logrados desde la intervención de Estados Unidos y sus aliados en 2001. Avances como el aumento de la matrícula en educación primaria para las niñas, el acceso a la universidad, la reducción de la mortalidad infantil y la prohibición por ley de los matrimonios forzados.

Sin duda, la situación de las mujeres afganas es una verdadera tragedia, pero no es muy diferente a la de millones de mujeres que viven subyugadas en todo el planeta. De hecho, en su edición de esta semana ‘The Economist’ dedica varios artículos al tema, para concluir que los países que mantienen oprimidas a sus mujeres son más violentos y tienen una mayor probabilidad de fracasar. Así mismo, que los hacedores de política que desconocen los intereses de la mitad de la población son incapaces de comprender el mundo.

Ahora bien, para entender la situación de las mujeres en Colombia, diferente a la de las mujeres afganas, vale la pena leer el libro ‘El camino hacia la igualdad de género en Colombia: todavía hay mucho por hacer’, publicado recientemente por el Banco de la República. En este, las autoras muestran, mediante un recorrido de más de cien años de historia económica, la evolución del rol de la mujer en el empleo, la educación, la fecundidad, la reivindicación de sus derechos y la participación en política desde comienzos del siglo XX hasta la actualidad.

Es una lectura fascinante que permite ver las mejoras en las condiciones de las mujeres, pero también los muchos obstáculos que aún persisten e impiden que el progreso sea mayor. Obstáculos que se agudizan dependiendo de las regiones donde viven las mujeres y de sus condiciones socioeconómicas.

Sin duda, la situación de las mujeres afganas es una verdadera tragedia, pero no es muy diferente a la de millones de mujeres que viven subyugadas en todo el planeta

Un ejemplo es el empleo. No obstante a los avances en el ingreso de las mujeres a la educación universitaria, mayor que el de los hombres, y en la participación laboral, la tasa de desempleo de las mujeres supera la de los hombres –es de las más altas de América Latina– y la brecha salarial se mantiene en aproximadamente 20 puntos porcentuales.

Una explicación, según las autoras, con base en varias investigaciones y encuestas, es la discriminación que sufren las mujeres en el acceso y la permanencia en el empleo en el sector formal debido al embarazo y a las responsabilidades de cuidado. Las mujeres en edad reproductiva tienen una menor probabilidad de ser contratadas, a muchas les piden prueba de embarazo e incluso son despedidas si llegan a quedar embarazadas. La alternativa es el mercado informal.

Algo similar pasa con la participación política. Aquí, los avances han sido lentos debido a los múltiples obstáculos que deben enfrentar las mujeres y que las desestimula a participar, como son la discriminación, la dificultad de acceso a recursos para las campañas y la exclusión de los partidos políticos; todo esto, con un gran costo para la sociedad. No tiene sentido que las mujeres, que representan el 50 por ciento de la población, estén excluidas de participar en la construcción de la política pública, y en particular cuando tiene que ver con sus intereses y derechos.

Si bien falta camino por recorrer para alcanzar la igualdad de género, difícilmente podríamos comparar la situación de las mujeres en Colombia con la de tantas otras mujeres que en el mundo viven subyugadas y sin ningún tipo de derechos.

Sin embargo, visibilizar estas situaciones tan dolorosas debería estimularnos a avanzar más rápidamente, eliminando los obstáculos que subsisten, por el bien de las mujeres y del país.

ROSARIO CÓRDOBA GARCÉS

(Lea todas las columnas de Rosario Córdoba Garcés en EL TIEMPO aquí).

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