Seriedad

Seriedad

Ser crítico es resistirse a falsear los argumentos para aplastar al contendor.

29 de agosto 2019 , 07:08 p.m.

No tengo a la mano las cifras que lo prueban, pero todo indica que los colombianos serios están en vías de extinción. Es que nada justifica la lucha armada de las disidencias de Márquez: 90 por ciento de las Farc siguen en paz. Es que es infame negar a los desaparecidos de la toma del Palacio de Justicia ante sus familias rotas y en vísperas del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas. Es que se puede estar en franco desacuerdo con lo que piensan o lo que encarnan políticas tan brillantes como Claudia López o Angélica Lozano o Katherine Miranda, que han hecho de la valentía y de la dignidad una rutina, pero llamarlas “corruptas” o “uribistas” o “cómplices de la derecha”, como lo han hecho las manadas efímeras de las redes, no es más que mentir para ganar: simplemente, no es serio.

En una escena de antología de Dispuesto a todo, una ignorada película gringa de 1994, un actor no se aguanta la tentación de sermonear a un par de charlatanes que en una sala de espera están acabando con la honra de sus colegas: “Ya quisieran ustedes tener la mitad de ese talento”, les grita. Uno debería hacer algo así: se cumple un año de la consulta anticorrupción –11’670.000 votos traicionados por un gobierno que llegó a convocar a todos los partidos, desde el Centro Democrático hasta las Farc, a un pacto por la seriedad del país– y uno debería preguntarles a los tachadores de prestigios si alguna vez se partieron el lomo, se jugaron la vida ante los poderes armados de Colombia o se echaron al hombro una consulta como lo han hecho López o Lozano o Miranda, pero cómo debatir con quienes mienten.

Aquí siempre hemos perdido lo que la filosofía política llama la “lucha por el reconocimiento”: y han sido costumbres subterráneas de esta sociedad –en contravía del espíritu de sus leyes– humillar a los otros como negándolos, despojar de derechos a los demás hasta la náusea, despreciar los dramas ajenos para desdibujarlos, permitirse la barbarie, en fin, en nombre de la precariedad de la civilización. Por ello tiene tanta gracia que el candidato a la alcaldía Carlos Fernando Galán haya sacado esos videos en los que resalta las virtudes de sus rivales. Por ello tiene tanto valor –y más ahora que la obsoleta banda de extorsionistas de Márquez pretende justificar su vuelta a las armas– aquella foto con vocación de meme en la que Duque habla con Timochenko sobre el pacto por la no violencia en la campaña electoral: es una foto para un país serio.

Solo se acabarán los capítulos sangrientos de la saga colombiana el día en que aceptemos la lucha desarmada por el reconocimiento, el valor, el trabajo, el dolor, el horror y la vida de los otros

Para qué ser Presidente de Colombia si no es para inventarse modos de que la gente no se mate.

Para qué ser colombiano si no es para reconocer a quienes sí se juegan la vida por la legalidad, sí se someten a dar, por encima de la mesa, la frustrante batalla por la democracia, y sí se pliegan a su Constitución.

Yo no digo que estemos obligados a que nos gusten los prójimos, ni que haya que censurarse un solo debate, sino que ser crítico es comprender que lo que a uno no le gusta no necesariamente es ilegal e intolerable: ser crítico es resistirse a falsear los argumentos para aplastar al contendor. No tengo a la mano estudios de una universidad gringa que lo demuestre, pero todo señala que solo se acabarán los capítulos sangrientos de la saga colombiana el día en que aceptemos la lucha desarmada por el reconocimiento, el valor, el trabajo, el dolor, el horror y la vida de los otros. Mientras tanto, seguirán siendo comunes los violentos, los saboteadores de la paz, los negacionistas, los fabricantes de estigmas y los lapidadores a sueldo.

Y caer en la tentación de reivindicar a todas las víctimas y de respaldar a todos los injuriados y de defender a todos los que se han negado a las armas será lo único serio que nos quede.

www.ricardosilvaromero.com

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