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El duquismo tiende a reivindicar funcionarios caídos en desgracia.

02 de septiembre 2021 , 08:00 p. m.

Basta poner el oído contra el suelo de Colombia para escuchar las protestas que se vienen, las protestas que regresan. Hay gente que responde: “Si acaso habrá unas marchas más”. Hay gente que agrega: “Pero estallido social ya no va a haber”. Y, sin embargo, este gobierno anaranjado –esta cínica fábrica de memes que suele salirse con la suya– no solo sigue jurando en vano que servirá a la convivencia, sino que insiste en sembrar desplantes desde Providencia hasta el Amazonas a ver qué cosecha se da. Como si no hubiera nadie más en el país, como si su mentalidad de bajo presupuesto y su criterio de trinchera quisieran poner en claro que esto es de ellos, por ellos y para ellos, el duquismo tiende a reivindicar funcionarios caídos en desgracia que solo sobrevivieron a la “moción de censura” en el Congreso porque el Congreso es un complot. Pero nada como enrostrarnos de nuevo a Carrasquilla.

Hace mucho tiempo, cuando Colombia aspiraba a la seriedad, los funcionarios renunciaban sin rodeos ni coartadas con el propósito de recordarle a este país depresivo que sí puede ser y estar mejor. El Gobierno que tenemos, de salida desde que llegó, en cambio ha vuelto usual el reciclaje de su corte: esa ha sido su principal contribución a la lucha contra la debacle ambiental. Y entonces Bieri el gerente rencoroso resulta Bieri el contratista, Muñoz el coach de trolls amanece convertido en Muñoz el director, Botero el militarista ido termina siendo Botero el embajador. Y el ministro protestólogo, Molano, no ve razones para irse. Y la ministra de los miles de millones refundidos, Abudinen, raspa fiesta. Pero ningún “reaprovechamiento” tan desafiante, tan fanfarrón, como nombrar codirector del Banco de la República a ese exministro que encarna la indolencia tecnocrática que nos corroe.

El Gobierno que tenemos, de salida desde que llegó, en cambio ha vuelto usual el reciclaje de su corte: esa ha sido su principal contribución a la lucha contra la debacle ambiental.

Cómo llamar a alguien que, como el Duque que acaba de “reutilizar” a Carrasquilla, vive convencido de que son todos los demás los que están equivocados: ¿mezquino o leal o enajenado o caradura o pragmático o suicida o terco o megalómano? Vaya usted a saber. Vaya usted a saber por qué no le suena raro, provocador, traer de vuelta al hombre que tuvo que largarse entre los virus y los hambres y los incendios que atizó su propuesta salvaje de reforma tributaria. Queda claro, eso sí, que este es un desgobierno ciego a las brasas de las protestas, enfrascado en su certeza de que hacer política es politiquero, convencido, hasta el hundimiento del Titanic, de que aquí no hay estallidos sociales, sino envidias y saboteos y bloqueos moleculares disipados: “¡Chaos!”, gritó Duque en aquel video imborrable, y no se despedía en colombiano, no, sino que denunciaba en inglés paranoide una anarquía urdida desde la Guerra Fría.

Yo nunca había visto un autoengaño así de disciplinado, así de tozudo: según los usuarios de la intranet que nos gobierna, tan convencidos de que Colombia es una película de suspenso protagonizada por ellos, como lo están los expresidentes noventeros que al cierre de esta edición seguían gritándose “¡narco!”, “¡pedófilo!” ya entre la vejez, solo un agitador podría recordar que el propio Carrasquilla solía insistir en que no es una buena idea viajar sin escalas desde el Gobierno hasta la junta del Banco de la República, y solo un resentido podría preguntarse si están recurriendo al exministro porque aquí la responsabilidad política es una cuestión del pasado o porque no hay más economistas en Colombia. Quizás el mensaje no sea que no hay más. Tal vez sea que no quieren que haya más.

Que nos conceden el derecho de reclamar el reconocimiento político mientras ellos se encierran a representarse a sí mismos. Que nos dan permiso de volverlos memes mientras ellos se quedan con todo.

RICARDO SILVA ROMERO
www.ricardosilvaromero.com

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