Anticuerpos

Anticuerpos

No es de 'la Violencia' sino de ‘Nuestra Violencia’ omnipresente de lo que tenemos que hablar.

02 de julio 2020 , 09:25 p.m.

Colombia es hoy el único lugar del mundo en el que el peor problema no es una pandemia. Una banda paramilitar rodeada de moscas prohíbe durante toda una semana colombiana, porque puede, porque le da la gana, porque se trata de dejarnos a todos en claro quién manda en Tarazá, Antioquia, el levantamiento del cadáver de un líder social que se llama Edier Lopera: la familia Lopera suplica al Gobierno que, dada su maña de no llegar nunca y de anunciar investigaciones exhaustivas, más bien los saquen ya del Bajo Cauca, pero entonces vienen las noticias de que una niña embera chamí fue violada por siete soldados y ocho líderes sociales fueron torturados y asesinados –a tiros, a golpes– durante el pasado fin de semana sin fin, y dígame quién acude a este Estado después de eso.

Todos los benditos días, a las 6:00 p. m. del himno nacional, el Presidente de la República de Colombia presenta un noticiero de televisión titulado 'Prevención y acción', pero no es un programa sobre nuestra violencia brutal, recrudecida, desmadrada de estos días de su gobierno imprevisto –no es el programa diario, con cámaras y reflectores y corresponsales y gritos en los lugares de los hechos, que necesitamos con urgencia para contar los 214 asesinatos de firmantes de paz, los 121 crímenes de líderes sociales, las 113 víctimas de feminicidio–, sino una tropical transmisión en vivo que aún no sabemos si hace parte del contrato anual que suele firmar RTVC para los shows presidenciales, pero que ya hemos visto que tiende a proponer la misma solución que el Estado ha propuesto para el horror de acá: el cuidado de uno mismo.

Querido colombiano: allá usted hoy, segundo día sin IVA, si sale a la calle y es negro, mujer, pobre, líder social o desmovilizado. Allá usted si sale sin tapabocas.

Cómo son de frívolos los gobernantes que tenemos. Cómo se ven de fuera de sitio, de triviales, de paródicos, de inútiles –como una revista de farándula en medio de la guerra– en este país que vive cansado de que no se lo tomen a pecho. Alguna vez nuestros dirigentes se jugaron la vida para que nadie la perdiera, hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana, pero estos ejecutivos que nos fueron dados en los días de la pandemia son un cúmulo de obviedades que han dejado la tarea de encarar la barbarie en manos de la ciudadanía indefensa. No serán los programas de ellos, mejor dicho, los que nos digan que esta época de ferocidad desbordada es la hora de dejar de narrarnos “la Violencia” como si estuviera afuera y estuviera lejos: no es de “la Violencia” sino de ‘Nuestra Violencia’ omnipresente de lo que tenemos que hablar.

A veces parece que estuviéramos perdiendo el tiempo con estas columnas sobre rebelársele al empobrecimiento, a la degradación que sigue trayéndonos la guerra. A veces parece que estos textos fueran –quizás no sea poco– un desahogo entre amigos; un llamado a no bajar la guardia entre convencidos de la terapia que tanto ha aplazado Colombia; un duelo, entre los mismos deudos, por lo que ha venido y por lo que vendrá. A veces se siente uno dejando constancia en el libro de una sala de velación: conmigo no cuenten si la idea es la aniquilación. Pero también puede ser que todo el horror de estas semanas, de sociedad que jura por Dios que nadie está mirando, por fin lleve al hastío, al basta ya que ha sido nuestro amén: ¿puede haber algo más importante que plantársele a esta facilidad para matar?, ¿no debería haber un programa diario sobre esto hasta que acabe?

Seguirá el país, un país, luego de esta peste devastadora que ha estado obligando a toda la especie a adaptarse, pero no puede ser que, luego de semejante desangre, no seamos capaces de crearle anticuerpos a nuestra violencia.

Ricardo Silva Romero
www.ricardosilvaromero.com

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