Palanca

Palanca

Una sociedad jerárquica que ha obligado a millones de colombianos a sobrevivir a punta de zalamerías

05 de diciembre 2019 , 07:00 p.m.

Tengo dos testigos de esto que voy a contar. Que hace veinticinco años, en la sobremesa de una comida en el apartamento en el que vivíamos, todo se detuvo durante un par de horas –la gente se tragó sus chistes como ante el precipicio de una tragedia– porque una de las invitadas recibió la noticia de que su hija de 17 años había sido secuestrada. Fue entonces cuando el atolondrado comensal con el que estaba saliendo aquella madre, un tipo sonriente vaya usted a saber por qué, pronunció una frase célebre que ha estado acompañando a esta familia desde entonces: “Mi amor: yo conozco al subdirector del Icfes”, dijo hecho un colombiano lleno de contactos “allá arriba”. Y sí: la hija apareció cuando se daba por hecho lo peor. Pero la frase del pretendiente, de calva disimulada y de chaqueta de gamuza, sigue asediándonos a los que estábamos allí.

Porque compite en estupidez con la propuesta de sacarle fotocopias al último sobre de la oficina “para no tener que comprar ni uno más” –que se la oí a todo un gerente en 1999–, pero en especial porque revela una sociedad jerárquica y pobre que ha obligado a millones de colombianos a sobrevivir a punta de zalamerías, de lagarterías, de padrinos, de palancas: “No me olvide, doctor, que esto está duro”. Y le sonará esotérico a este gobierno centrífugo que ya ha empezado a dar pasos hacia la “unidad nacional” que tanto desdeñaba, y le sonará improbable a este establecimiento uribista, vargasllerista, pastranista, gavirista que ya está reagrupándose para encarar el cambio de electorado que se le vino encima, pero lo que se sigue reclamando en las calles es, repito, un Estado justo que no empuje a la caridad, sino a la solidaridad.

Se ha dicho de generación en generación: “Para sobrevivir aquí en Colombia hay que tener palanca”. Y sí: demasiados colombianos siguen debiéndole la paz a algún cacique con árbol genealógico torcido

Hay ciudadanos que, genuinamente, no entienden ni soportan estas protestas, pero para llenarlas de razones están la ministra del hashtag desafiante; el congresista ofuscado que, apenas gritó “¡usted es el que sobra aquí!”, forzó al exalcalde Petro a explicarle que todo el mundo cabe en una democracia que en verdad lo sea; la senadora que resultó capaz de llamar “vándalo” al asesinado Dilan Cruz como quitándoles un peso a quienes justifican la violencia contra los colombianos que “no estarían recogiendo café”; la reforma trapera que vuelve a cargarle la mano al país de los trabajadores independientes y los subempleados y los endeudados por la espalda; el régimen obsoleto, en fin, que prefiere un pueblo huérfano que no ande por ahí reclamando derechos, sino palanqueándose absoluciones y platicas.

Hoy, en pleno contraataque de las viejas estructuras políticas que nos trajeron hasta acá para bien y para mal, se insiste en que este gobierno no debe responder por los desmanes de este Estado, pero aun cuando ello fuera cierto, que no lo es, es claro que esta presidencia ha cometido sus propios errores. Si la administración pasada comenzó cuando Santos presentó las leyes de víctimas y de tierras, en septiembre de 2010, entonces la administración actual empezó cuando Duque exclamó que “se acabó la guachafita” y dilapidó la consulta anticorrupción: desde ese día se creció –y empezó a hacer agua– ese país rancio, acomplejado, soberbio, negacionista, azuzador del ejército, que ve gente que sobra por doquier y tiene dos años y medio para haber sido algo más que un error de cálculo.

Se ha dicho de generación en generación: “Para sobrevivir aquí en Colombia hay que tener palanca”. Y sí: demasiados colombianos siguen debiéndole la paz a algún cacique con árbol genealógico torcido. Pero no creo que las últimas reformas de esta clase política, pensadas, por supuesto, para que todo siga igual, puedan echar para atrás esta marcha de gente nueva que no está pidiendo favores sino abriéndole paso a su futuro.

www.ricardosilvaromero.com

Empodera tu conocimiento

Más de Ricardo Silva Romero

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.