Corrupción

Corrupción

Me temo que salir a votar la consulta anticorrupción es tan importante como salir a votar por la paz

17 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

Sé que no damos más. Sé que no queremos saber de tarjetones ni de urnas por unos meses. Pero me temo que salir a votar la consulta anticorrupción es tan importante como salir a votar por la paz. Porque –aun cuando nuestro Estado en mora esté plagado de leyes que no atajan su descomposición sino que la demuestran– votar este domingo 26 es decirles siete veces “sí” en voz alta, siete veces “sí” entre signos de exclamación, a la reducción del salario, a la transparencia, a las rendiciones de cuentas, a la extinción de dominio de las ganancias injustificadas, a la limitación a tres períodos, a la expulsión por corrupción y a la vigilancia ciudadana de los padres putativos de la patria. Pero sobre todo es decir “sí” a dejar de ser una cultura –que se roba a sí misma– en la que ‘familia’ es sinónimo de ‘mafia’, de ‘clan’.

Y en la que cada una de las necesidades humanas, de la salud a la justicia, tarde o temprano es acechada por algún cartel.

Adiós, palabra ‘cartel’, hasta nunca: ya ha habido ‘cartel de los medicamentos’, ‘cartel de los enfermos mentales’, ‘cartel de la contratación’, ‘cartel de la alimentación escolar’, ‘cartel de la toga’, ya qué.

Estamos hartos de que el Estado sea un viacrucis lleno de trampas, como un panóptico inútil al que solo sobreviven los peores. 

‘Corrupción’, por su parte, es sinónimo de ‘podredumbre’, de ‘infección’, de ‘unto’. “Corrupción” fue el grito de la semana. La Universidad Externado presentó el lunes, ante los principales vigilantes de la nación, una investigación de cuatro tomos sobre el tema. El martes en la mañana, en una corte en Miami, el exfiscal anticorrupción que se encogió de hombros ante su propia corrupción reconoció haber cometido “conspiración para lavar dinero con el fin de promover sobornos en el extranjero”, entre otros delitos. Luego, en la tarde, el contralor saliente reveló que en estos cuatro años se perdieron 14 billones en “irregularidades administrativas”: “se están robando todo”, dijo. Y en la noche, cuando la cifra del saqueo resultó ser 85.000 millones, el Presidente anunció la creación de un plan de alimentación escolar que sí lo sea.

Sé que la gran mayoría de los empleados públicos no merecen estos vigilantes a los que nadie vigila. Sé que estamos hartos de que el Estado sea un viacrucis lleno de trampas, como un panóptico inútil al que solo sobreviven los peores. Sé que solo en un infierno tiene sentido el verbo ‘empapelar’. Pero voy a votar “sí” en la consulta del domingo 26 pues es votar contra esta cultura de torcidos que se ven rectos a sí mismos: esta nación de sobornadores queridos; de colados indignados; de desfalcadores frenteros; de dirigentes del fútbol que acaban convertidos en revendedores de boletas; de honorables parlamentarios listos a encajar en la Contraloría, a la brava, a los dos candidatos más cuestionados entre los diez; de altos funcionarios que se ganan el derecho a robar luego de toda una vida de ser decentes.

De vez en cuando tenemos oportunidades como la consulta anticorrupción para devolverle la legitimidad a esta ciudadanía que suele regodearse en la ruina.

Damos al Estado por perdido. Damos por hecho que esta gente llega a robar como lo hizo su padre y el padre de su padre: “Y a mi primogénito le dejo mi curul...”.

Contamos con que los políticos –los vivos disfrazados de políticos– nos engañan, nos chantajean, nos asaltan: así fue, así es, así va a ser. Pero de vez en cuando tenemos oportunidades como la consulta anticorrupción para devolverle la legitimidad a esta ciudadanía que suele regodearse en la ruina. Creo que al Estado, en las manos pasajeras del presidente Duque, también le conviene que todo salga bien ese 26, pues tienden a ser más prósperas las sociedades que se sienten escuchadas, pero tanto el Gobierno como su errático partido se han pasado los últimos días enrareciendo la consulta que hasta hace poco apoyaban con vehemencia.

Yo sé que no damos más. Pero vale la pena votar contra una cultura que no tiene palabra.

RICARDO SILVA ROMERO
- www.ricardosilvaromero.com

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