Primeras damas: ¿sirven o no sirven?

Primeras damas: ¿sirven o no sirven?

Colombia ha sido afortunada al no haber padecido conflictivas señoras en el sitial de primera dama.

20 de agosto 2019 , 07:00 p.m.

En Blu Radio, Camila Zuluaga puso en debate el tema de las primeras damas como personas útiles por sus tareas sociales o personas que al Estado le cuestan mucho cuando se les sube el ego vanidoso con burocracia muy costosa para preparar su ambición política. La fogosa Camila me entrevistó, y dije que Colombia ha sido afortunada al no haber padecido conflictivas señoras en el sitial de primera dama que nos hagan sentir pena ajena. Ellas han sido sobrias, sin crear escándalos ni rumores.

A las esposas de los señores que están buscando futura presidencia después de Iván Duque, digo de Gustavo Petro, Juan Fernando Cristo, Roy Barreras, Juan Manuel Galán, Germán Vargas Lleras, les informo que ese honor es muy ingrato; les esculcarán el peinado, la risa, el caminado, las amigas, los nuevos amigos, los zapatos, chaquetas, abrigos para criticarlos. En la peluquería, una señora que fue primera dama nos contaba ayer que es “amargo leer o escuchar insultos al esposo y no poder ir a la radio a darle coscorrones al calumniador insultador, el protocolo prohíbe esas humanas reacciones”.

Aleluya, llegué a las primeras damas de vergüenza, y empiezo: una que por saqueos y trampas salió por la cocina del Palacio Presidencial fue la mexicana Angélica Rivera, esposa del presidente Enrique Peña Nieto. Su marido y el pueblo mexicano la graduaron de ‘habilidosa negociante’ por recibir el soborno de un poderoso contratista: una mansión de 8 millones de dólares. Otra indelicada fue la mujer del nefasto Pinochet, Lucía Hiriart, que amasó gran fortuna en edificios, acciones, y, pobrecita ella, le descubrieron depósitos en el Banco de Boston por 74 millones de dólares. ¿Ahorros? No, puro robo presidencial.

De nuestras primeras damas Cecilia caballero de López, Carolina de Barco, Lina de Uribe, Clemencia de Santos, Ana Milena de Gaviria y Jacquin de Samper vimos que apoyaron obras sociales, y su papel fue impecable, no buscaron crear partido político propio o negocios o condecoraciones. En 2019, a la muy sobria primera dama, María Juliana de Duque, algunos columnistas de prensa, radio y de los trinos press le criticaron con humor negro la chaqueta que lució en Washington ante Donald Tump. Seamos claros, esa chaqueta resultó fatal, de los diseñadores show Leal & Daccaret. Allí, la señora Juliana de Duque se pifió por no rechazarla. Punto.

¿Y de alcalde para Bogotá qué dicen?: que no hay un candidato ingeniero, mala cosa. Y colorín colorao.

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