Era gran bailarín, alegre y futbolero

Era gran bailarín, alegre y futbolero

El cadete caleño Alfonso Mosquera, de 20 años, era un hijo del pueblo y torpemente lo mataron.

05 de febrero 2019 , 07:00 p.m.

Era, porque ya no vive. Lo mataron. Lo mató la dinamita que mandaron poner los del Eln en la academia de Policía en Bogotá, hace 19 días. Allí perdió la vida un muchachón que era alegre bailarín, brillante futbolista y de hermosa risa, el cadete caleño Alfonso Mosquera, de 20 años, un ‘afromoreno’ altísimo.

A este carismático salsómano lo mataron para dolor de sus amigos cadetes, amigos de barrio en Pradera, de sus hermanitas; de su madre, doña Inocencia Murillo. Y lo más amargo: el papá, don Luis, es cortero de caña, un trabajo durísimo; a 30 grados de calor, sigue llorando a su hijo Alfonso, que ya no le manda fotos ni le cuenta por el celular de los paseos que hacía en la capital. Su adolorido padre soñaba con ir a Bogotá a verlo graduarse como oficial de la Policía. Lo seguirá llorando. Era un hijo del pueblo, y torpemente lo mataron. Punto.

A charlar con Fanny Mikey, Julio Nieto Bernal y Carlos Muñoz viajó al otro mundo, sin tiquete de regreso, el talentoso y buena gente Fernando Gaitán. Era un tipazo que jugó limpio, no pisoteó a nadie y manejaba su éxito con frescura. Según Salvo Basile, “es un absurdo que a los 58 años, y alegre en su vivir, se muera Fernando”. Marcela Carvajal opinó: “Me da enojo que no viva más mi parche Fernando Gaitán”.

Murió a los 58 años, y eso tiene en pánico a centenas de señorones vanidosos y vitales del periodismo, la televisión, la radio, el cine, la prensa, columnistas, escritores, exmillonarios, exdiplomaticos y extoreros que pasaron de 68 years y saben lo de Fernando Gaitán. Mi amigote burlón, de 75 años, ya gastadito, me dijo: “Varios estamos moscas, el siguiente turno es nuestro; y para colmos, no hay aire acondicionado en el crematorio de Bogotá”.

¡Qué mamera morirse! El escritor Manuel Vicent, con un infarto encima, recomienda a maridos con chance de infarto tener pagos todos los impuestos, dejarle mucho dinero a la viuda, repartir cuadros, discos, libros. Pilas, los libros estorban a las viudas, huelen maluco. Es nobleza regalar billete gordo, o tiquetes a Europa, ya pagados, a quienes te dieron carcajadas cómplices y a quienes te dieron sexo siendo un gordito regañón y feo.

Palabras severas de mi pareja, Lulita Arango: “Ponchito, cuídate más, ve más al gimnasio; el infarto no es ficción, llega de visita y se lleva al anfitrión”. Buen aviso, buenas, buenas.

Sal de la rutina

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