Divorciados Daniel Coronell y ‘Semana’

Divorciados Daniel Coronell y ‘Semana’

Felipe López aplicó una máxima del capitalismo: “El dueño manda y él decide con quién trabaja”.

06 de junio 2019 , 02:57 p.m.

Ayer, en la peluquería, ellas protestaron por el matoneo a la mujer y lo probaron. Uno: en Santa Marta, cuatro hampones dieron criminales puntapiés en la cara a una mujer por llevar la camiseta del Unión Magdalena. Si aún no los han capturado, es por ser ineptísima nuestra ‘inteligencia policial’. Otra: en Soacha, una madre de familia con hija desaplicada atacó a la profesora por rajársela en matemáticas. “Estudien, vagos, estudien”, recomendaba la senadora uribista María Fernanda Cabal, pero la niña rajada nunca la escuchó. Punto.

Ellas vieron por TV al discutido Donald Trump, aclamado en Londres por la aristocracia y miles de seguidores de la radical derecha inglesa. Trump, genio y figura, al llegar, calificó de idiota e inepto al alcalde de Londres.

Mujeres en la peluquería opinaron que fue ruidoso y con mucho show el desfile de Santrich al salir a la libertad como un ‘héroe nacional’. Vanidad de vanidades, imitó el regreso victorioso a París del general De Gaulle: brazos en alto y haciendo la V de la victoria. No apoyo la extradición de Santrich por estar cegatón y casi anciano, pero bájenle al show porque recalienta las protestas. Y tonto nuevorriquismo que los publicistas de Santrich contaran que él viajó a La Guajira en avión privado, a lo multimillonario. Punto.

Y hubo encontronazo entre Daniel Coronell y la revista Semana con dos sorpresas: el altísimo apoyo popular al columnista y que don Felipe López aplicara una máxima poderosa del capitalismo: “El dueño manda y él decide con quién trabaja”. El tema me pellizcó porque llevo 32 años de columnista en EL TIEMPO, 27 en ALÓ y 29 en El País de Cali. Y ganándome broncas por escribir que la Costa era fortín para peculados, chanchullos, compra de votos y ruina de hospitales. Eso me trajo problemones y amenazas de muerte desde una agencia de chance en Barranquilla y dos en Cartagena. Amenazas de verdad, no de show.

Atérrense: ocho periodistas, por demagogos y oportunistas, comandados por el superlocutor Édgar Perea, me llamaron “enemigo de la Costa” y suplicaron con firmas callejeras mi retiro de EL TIEMPO. Se hicieron autogol, quedaron fatal porque su director, don Hernando Santos Castillo, fue rotundo: “Poncho Rentería no se va, miles de lectores siguen su columna”. Y aquí seguí escribiendo lo liviano y delicioso del mundo femenino. ¡Buenas-buenas!

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