Con Santrich, volvió la risa

Con Santrich, volvió la risa

Circulan chistes y calambures por la pilatuna de Santrich.

02 de julio 2019 , 07:00 p.m.

Cuando llorábamos la botada del penalti y la derrota ante el equipo de Chile, cuando sufríamos la catástrofe de la carretera a Villavicencio, se nos apareció el parlamentario Santrich con una excitante sorpresa, y con ella regresó la risa a medio país que estaba tristón y derrotista. ‘No hay mal que por bien no venga’, frase que usaba el grato humorista Fernando González Pacheco en sus shows televisivos con Jota Mario y Gloria Valencia de Castaño. Aleluya: ‘No hay mal que por bien no venga’, porque la humana escapadita a comprar cigarrillos de Santrich nos trajo un huracán de apuntes, chistes y buen humor.

Por la pilatuna cigarrillera de Santrich se soltó un humor negro picarón. Estas notas escribieron ellas en los espejos de la peluquería. Una: “En la fiesta del orgullo gay, Santrich se hizo el marica y se fue a una fiesta ligeramente gay y democrática a un bar de ambiente en Chapinero”. Otra: “Muy educado Santrich porque al fugarse dejó una carta con impecable letra para los magistrados de la JEP, diciéndoles: ‘Hola, salí a comprar cigarrillos y recargar el celular; no demoro, con permiso yo me piso, y gracias por los favores recibidos’ ”. Punto.

Y si aparece Santrich en la iglesia, ¿quién hizo el oso peludo? Seguirá el novelón, compitiendo con el de Cemex y Odebrecht 

Circulan chistes y calambures por la pilatuna de Santrich. En la peluquería, una seria exministra de don Juan Manuel Santos lanzó ayer este globo: “Mis fuentes en la embajada americana y la DEA me aseguran que Santrich regresa hoy miércoles, ocho de la noche; se entregará al partido Farc en una iglesia en Bogotá”. Si aparece, ojalá no repita la postura vanidosa del brazo en alto posando de victorioso; ya lo hizo, sonó fantoche, fue censurado. Y si aparece Santrich en la iglesia, ¿quién hizo el oso peludo? Seguirá el novelón, compitiendo con el de Cemex, Odebrecht y, ahora, las ‘chivas’ millonarias de unos enamorados donantes al glorioso Partido Liberal. Punto.

La escapada de Santrich a comprar cigarrillos dejó varias víctimas. Cito cuatro: la JEP quedó aturdida; la embajada americana en Bogotá, que debía ayudar a empacarlo a Washington para la fiesta electoral de Trump; también la poderosa DEA, que le metió un ‘mexicano-DEA’ a su casa posándole de “comprador de televisores”, y el invencible FBI, porque buscó a Santrich cinco años y hoy no sabe en qué cigarrería anda de shopping. Volvió la risa, buenas-buenas.

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