Entre la Minga y el mágico fútbol

Entre la Minga y el mágico fútbol

No vengan a Bogotá aguerridos luchadores indígenas. No vengan, aquí zumba la pandemia.

13 de octubre 2020 , 09:25 p. m.

No vengan a Bogotá los aguerridos luchadores indígenas de la respetable Minga. No vengan, aquí hay mil atracos diarios y pueden robarles sus coloridas ruanas, chalecos y mochilas. No vengan a Bogotá, es insegura y aquí zumba la pandemia. No vengan, compañeros indígenas, porque el frío los empuja a la gripa o al virus. Punto.

Aleluya, el encierro me volvió hiperdependiente e hiperadicto a mi pareja, Lulita Arango. Explicable, me dio cariñito bonito y buen vivir cuando en abril y mayo nos invadió el pánico a todos los mayores de setenta años, a los que, según la ciencia, nos esperan la funeraria Gaviria y el soñado cielo sin bares ni rumbas. Allá, una eterna cuarentena.

El fútbol sacó de taquito las broncas políticas. Bienvenido el fútbol, ya no vemos 17 veces diarias en televisión al poco atlético pero sólido jurista Jaime Granados, defensor del expresidente Álvaro Uribe. Aleluya, lo reemplazó un astro del fútbol, el paisano Cuadrado, triunfador en Italia. Aleluya, el fútbol pasó a la banca a un montón de políticos que aparecían 17 veces al día en radio y televisión tirando vainazos a la redonda. Bravo, desbancados los iracundos por la magia de Rafa Nadal, por el Gol Caracol, por Betty la fea, por Pedro el Escamoso, por Muriel y Zapata, por los goles de James, Mina y Osorio.

El fútbol nos dio emociones en el Mundial de Rusia. Inolvidable el gol de Yerry Mina a los ingleses cuando agonizaba el partido. Yerry Mina, grande hoy en Inglaterra, se regaló hace 20 días un juguete: compró un Rolls-Royce impecable, modelo 1999, verde oliva, en perfecto estado, que fue propiedad de un aristócrata, un noble primo bisnieto de Wiston Churchill. Yerry, paseando en Londres su Rolls-Royce, luce la cara más feliz del universo. Y mandará fotos y videos en su Rolls a su pueblito caucano de Guachené.

El fútbol no lo inventaron los ingleses, como vanidosamente lo gritan hace 150 años. Para el historiador-escritor Juan Esteban Constaín, este nace en Italia, y su investigación sostiene que el primer partido futbolero de la historia ocurrió en el siglo 16, entre el Imperio español y la República florentina. Esto cuenta en su novela ¡Calcio!, grandiosa por la magia que tiene Juan Esteban Constaín para contar historias. Y repito mi cariñosa invitación a la Minga a no venir a Bogotá porque corren ‘peligrovirus’. Y colorín colorado...

Poncho Rentería

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