A usted, Presidente, no le creo nada nada

A usted, Presidente, no le creo nada nada

Que Carolina enviara una carta con ese titular me recordó un escándalo que provocó García Márquez.

28 de julio 2020 , 09:25 p.m.

Una joven periodista, Carolina, por el celular me pidió que le opinara sobre una carta que le envió al presidente Duque en sobre cerrado. Me leyó unos cinco renglones, unos siete insultos simplones con un titular ruidoso: ‘A usted, presidente Duque, no le creo nada nada’. Le insinué bajarle voltaje al titular, se negó, me llamó gobiernista que buscaba diplomacia. Aleluya, le restregué que años atrás yo rechacé el cargo que muchos buscan por jugoso: comisionado para la Televisión, con auto blindado, asesores, viáticos y tiquetes al mundo entero. ¿Yo de diplomático? Jamás, no tengo ropa y nunca sometería a Lulita Arango a esos afanes. Como a Carolina no le gustó mi crítica, se despidió molesta, pero le prometí unos espaguetis carbonara que en el encierro perfeccioné y me quedan mejores que en el Stefano de Roma, vía Barberini.

Que Carolina enviara una carta con ese titular me recordó un ruidoso escándalo que provocó García Márquez desde su revista 'Alternativa'. Allí escribió una carta pública a Julio César Turbay con este pomposo título: ‘Presidente Turbay, a usted yo no le creo absolutamente nada’. Rudo vainazo, Turbay esa mañana había declarado desde París que su gobierno era democrático y sin presos políticos. Aquí entre nos: sí había presos militantes antigobierno, excesos del DAS.

Años 1978 a 1980, tiempos duros, el M-19 le había robado en Usaquén cinco mil fusiles al Ejército, y apretaban. Tiempos en que llevar la revista 'Alternativa' o el periódico 'Voz Proletaria' daba para entrar a la carpeta DAS de ‘casi, posible subversivo’. Las demandas jurídicas a García Márquez, a Enrique Santos por ser el director de Alternativa, a redactores, las enfrentaba en los juzgados el abogado Ismael Enrique Arciniegas, quien, muy eficiente, las ganó casi todas. Punto.

Menú de hoy: filete de salmón, receta mágica de Barranquilla. Allí, su poderoso contralor, J. M. Acevedo, elegido por los concejales, renunció porque publicaron su penosa charla telefónica a favor de un socio amigo. El hombre, muy veloz, por la tele costeña protestó: “Esos manes del periodismo estorban más que un tapabocas de cemento, yo hacía mi rebusque lícito y transparente”. Desde Barranquilla me contaron anoche que el renunciado prepara una demanda multimillonaria al Estado. Abran el ojo, seguro que la gana y con su billetón montará, después del ‘bichovirus’, su propio carnaval con carrozas rumberas, champetas alegronas. Y colorín colorado...

Poncho Rentería

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