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Barcelona sufre la guerrilla urbana

Barcelona sufre la guerrilla urbana

La ciudad era alegre, hoy crece el matoneo de antiespañoles nacionalistas contra los no catalanes.

Afortunada Colombia al recibir a las familias catalanas, digo los Carulla, Trías, Fornaguera y muchos más venidos de Barcelona y Cataluña. Todos y todas, gentes buenas, honradas, cívicas y útiles a Colombia. Les cambiaron su pasaporte español por el de ‘la República de Cataluña’. El antiespañolismo allí hoy tiene leve mayoría.
El consulado de Colombia en Barcelona ha sido muy deseado por buen clima, cultura, restaurantes, etc. Lo gozaron Guillermo Angulo, Sergio Latorre, María Jimena Duzán, Pilar Calderón, y fueron eficientes para la colonia. García Márquez fue nombrado cónsul en Barcelona por el canciller de Carlos Lleras, el ‘compañero-jefe’ Alfonso López, pero don Gabo no aceptó. En carta a su íntimo amigo Guillermo Cano dijo: no puedo aceptarlo por estar en total desacuerdo con ese gobierno. Vivía las mieles don Gabo, vendía millones de sus libros y parrandeaba en Barcelona con Vargas Llosa, el galán de Isabel Preysler.

Titularon los diarios españoles: ‘Guerrilla urbana en Barcelona’; ‘Nueve noches de terror’. A la artista catalana Ana Segarra le quemaron su galería y opinó: “Son cobardes, azotan a ladrillazos y papas bomba al sencillo policía”. Barcelona era alegre, hoy crece el matoneo de los antiespañoles nacionalistas contra los no catalanes.

Penoso: el presidente del Barcelona Fútbol Club pagaba millones a vulgares linchadores, vía trinos, para que desacreditaran como zánganos y vendidos a Messi, Piqué y Suárez.

Barcelona, con pandemia y revoltosos. Almacenes, hoteles, taxis, bares y restaurantes exigen orden. No los oye la alcaldesa Ada Colau, una radical pelietas que apoya a los revoltosos. Luego del matoneo regresan a su casa, les sirven sándwich de jamón con queso y malteada de chocolate. Estos lunáticos libertarios se sienten en París, Mayo del 68. Punto.

P. D.
Por 30 años, Lulita Arango y este escribidor fuimos muy vecinos, en el mismo piso 11, con Clarita Sánchez Mallarino. Charlábamos gustosos y corto, tres y cuatro veces semanales. Ya no vive Clarita y era bella, siempre chic, de ropa pintosa, cívica, bonita risa y lindos modales que gozó embelleciendo a miles de mujeres en su salón, “belliiísima”. Sus 387 amigas que la adoraban están impactadas. Lulita Arango y yo, también.

Aleluya. Felicitaciones al ministro Fernando Ruiz-Salud y Claudia Blum, llegaron trescientas mil vacunas. Van casi cumpliendo, hay aciertos. Y colorín colorado...

Poncho Rentería

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