Una mala hora

Una mala hora

La mala hora del Ejército tiene su raíz en los acuerdos de La Habana.

18 de julio 2019 , 07:12 p.m.

¿Mala hora para el Ejército? ¿Mala hora para Andrés Felipe Arias? Así lo consideran hoy nuestros medios de comunicación. El origen del primer caso está en Semana. Recogió las acusaciones lanzadas por oficiales, ocultando a veces sus nombres. El segundo caso solo retiene las incidencias relacionadas con la extradición de Arias a Colombia, sin tener en cuenta el injusto y remoto fallo del que fue víctima.

Vale la pena recordarlo. Ministro de Agricultura en el gobierno de Uribe, su renombre –que lo presentaba como uno de sus posibles sucesores a la presidencia– despertó en la oposición una feroz campaña en su contra que no tardó en servirse de infundios. No olvidemos que después de la Constitución del 91 se produjo un deplorable relajamiento de nuestro sistema judicial. El clientelismo político intervino en muchas decisiones judiciales. La justicia colombiana dio valor a testimonios sin investigar su validez. Arias fue acusado de celebración irregular de contratos y peculado por apropiación a favor de terceros, acusaciones que desbordaron los medios de comunicación y que gruesa parte del público acabó aceptando como ciertas, creyéndolas como medio para financiar la futura campaña de Andrés Felipe.

Sospechosamente, pocas horas antes de la reelección de Santos, la Corte Suprema lanzó un fallo condenatorio. ¿Qué distorsiones políticas hubo?

Se olvidó que Agro Ingreso Seguro era un programa a cargo del Iica (Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura), una entidad internacional con sólida reputación como brazo agrícola de la OEA para lograr un mejor rendimiento de la tierra con ayuda técnica. El exministro Arias atendió las indicaciones del Iica como lo habían hecho sus antecesores durante décadas. Fue la fiscal de entonces, Viviane Morales, quien consideró que debía haberse hecho una licitación en vez de seguir cumpliendo el acuerdo internacional. Sin prueba judicial alguna, logró que se dictaran contra él inesperadas medidas de aseguramiento. Tal solicitud fue aceptada por la magistratura. Andrés Felipe, para júbilo de sus detractores políticos, estuvo detenido durante dos años. Liberado, pensó que al fin había sido reconocida su inocencia, pero no fue así: sospechosamente, pocas horas antes de la reelección de Santos, la Corte Suprema lanzó un fallo condenatorio. ¿Qué distorsiones políticas hubo?

La mala hora del Ejército tiene su raíz en los acuerdos de La Habana. La pasividad recomendada alentó la burocratización de las Fuerzas Armadas. Lo cierto es que ahora pululan en el Ejército las rencillas personales, las aspiraciones encontradas, las envidias, el tráfico de ascensos y otras costumbres propias de los empleados públicos y no de la institución militar. Mientras que un soldado se dispone en todo momento a defender su nación, un empleado cumple su horario y cuida su puesto. Antes, la contrainteligencia se ocupaba de hacer frente a estos problemas internos para no dejarlos conocer al público ni prosperar. Ahora permite que se revelen a los medios de comunicación. Incluso surgen en la prensa inexactitudes como la reaparición de los ‘falsos positivos’.

De todo esto se desprenden serios problemas para el país. Desde el gobierno anterior se han multiplicado el narcotráfico y su apoyo a las nuevas organizaciones criminales. También, los males a la biodiversidad, la ecología y el medioambiente. Todos estos daños, algunos irreparables, tienen un costo inmenso para Colombia. La minería ilícita llega hoy a niveles alarmantes. El oro y el coltán son prioridad para los grupos delincuenciales. Hoy, la Corte Constitucional deja al Gobierno en la casi imposibilidad de reiniciar la aspersión aérea con glifosato. Para colmo, las economías ilegales movilizan un amplio sector campesino que pone en graves aprietos la erradicación manual.

Por todas estas razones, el honesto gobierno de Duque se pone en la más difícil situación para enfrentar estos graves problemas. El objetivo político de la extrema izquierda, unida a las economías ilegales, es obtener un máximo provecho en las próximas elecciones. ¡Cuidado, también en las de 2022!

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