Tolerante, pero firme

Tolerante, pero firme

Todo parece estar encaminado a tumbar a Duque. Pero la tolerancia no excluye la firmeza.

11 de abril 2019 , 07:00 p.m.

Como yo, un buen número de colombianos (49 por ciento, según las encuestas) admiran al presidente Duque. Consideran que su limpio y generoso programa de gobierno corresponde a las necesidades que afronta el país. Se empeña en omitir el espejo retrovisor para que Colombia pueda pasar la página de las furiosas polarizaciones a las que nos hemos acostumbrado. ¿Entonces por qué este propósito de conciliación es sacudido por toda suerte de males? Vemos pugnas en el Congreso, bloqueos, feroces paros como el de la minga, violentas manifestaciones, desempleo, dudas en el panorama fiscal, además de asaltos y robos que terminan creando un clima de alarmante inseguridad en pueblos y ciudades. Existe la sospecha de un oscuro movimiento clandestino, al cual se suma una izquierda radical, interesado en desestabilizar y debilitar el Gobierno para abrirse un camino hacia el poder.

La inesperada prolongación del bloqueo de la vía Panamericana por 27 días hizo pensar por fin al país que estaba filtrado por las fuerzas ilegales que dominan la región. Evitando una masacre de indígenas, que lo horrorizaría a él, como al mundo civilizado, el Presidente se abstuvo de ordenar la intervención de las Fuerzas Armadas. Solo entonces se hicieron evidentes todos los desastres que afectaron gravemente todo el suroccidente del país. En ciudades como Popayán y Pasto reinó una abrumadora escasez. En la canasta familiar faltaron productos básicos provenientes de granjas que quedaron sin comunicación con los centros urbanos.
Según Jorge Bedoya, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), sectores como el agropecuario, la construcción, el comercio y el transporte de pasajeros y de carga sumaron pérdidas que ascienden a los 162.000 millones de pesos. Nada menos.

Existe la sospecha de un oscuro movimiento clandestino, al cual se suma una izquierda radical, interesado en desestabilizar y debilitar el Gobierno para abrirse un camino hacia el poder.

Los grupos vandálicos, aparecidos en los últimos días de bloqueo con armas y explosivos, demostraron que se mueven tranquilamente en el mundo de las colectividades indígenas. Es el caso de alias Mayimbú, un guerrillero que con sus 150 hombres incendió buses y dejó muertos y heridos en la Fuerza Pública y civiles. El Eln y las disidencias de las Farc, movidas por el narcotráfico, acechan el Cauca buscando que las comunidades indígenas exijan la autonomía de sus territorios sin presencia del Ejército para obtener una segura salida de la coca hacia el Pacífico.

Para hacer frente a un nuevo bloqueo y al desorden y destrozos que puedan dejar los paros anunciados, es inevitable la acción militar. “Hay que ser zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos” es una de las frases que escribió Maquiavelo. Seguramente, el Presidente es ajeno a estas metáforas, pero ahora sabe cómo se mueven las oscuras y ocultas fuerzas interesadas en crear caos en el país.

El otro problema que afronta es una vida política contaminada por intereses y maniobras personales. La ‘mermelada’ está esparcida como un virus que es indispensable para comprar líderes regionales y sobrevivir en el ámbito político. Manejos irregulares saltan con frecuencia a la vista de los colombianos a través de las noticias.

En todo sistema democrático, un mandatario requiere no solo mayoría en las urnas, sino mayoría parlamentaria para gobernar. De lo contrario corre el peligro de perder el poder. Nuestro jefe de Estado, devoto del rigor técnico que caracteriza su formación, decidió conformar su equipo de trabajo con figuras altamente calificadas y, en general, distantes de los partidos. Desgraciadamente, para obtener el apoyo de un partido en el Congreso es indispensable la directa participación en el gabinete. De lo contrario pasa a la oposición. Esto sucede en los países europeos. Por tal motivo, en nuestro país, los partidos, fuera del Centro Democrático y el Conservador, conformaron un bloque ajeno a los programas del Gobierno, incluso negaron en la Cámara las objeciones hechas por el Presidente a la ley estatutaria de la JEP.

Como escribe mi amiga María Isabel Rueda, todo parece estar encaminado a tumbar a Duque. Pero la tolerancia no excluye la firmeza. El Presidente acaba de demostrarlo.

Sal de la rutina

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