Luto en la cultura

Luto en la cultura

Gloria Zea sacó el país del parroquialismo cultural en el que se encontraba.

14 de marzo 2019 , 07:00 p.m.

El lunes pasado parecía el inicio de otra semana de complicaciones políticas. Yo me disponía a escribir esta columna sobre la tempestad que habían producido en el país las objeciones hechas por el Presidente a la ley estatutaria de la Jurisdicción Especial para la Paz. Como era de esperarse, la izquierda y los que votaron por el sí en el plebiscito lanzaron por todos lados su protesta, al tiempo que yo encontraba muy razonables y justificados los argumentos de Duque. Esos temas ocupaban mi atención cuando me dieron la nefasta noticia. Nuestra amiga Gloria Urdaneta nos llamaba para comunicarnos la muerte de Gloria Zea. Al recibir esta dura e inesperada noticia, mi mujer y yo nos abrazamos con profundo dolor.

No era para menos. Sabemos de la gran labor que realizó Gloria en todos los ámbitos de la cultura. Bella, seductora y enérgica, sacó el país del parroquialismo cultural en el que se encontraba, poniendo las artes en la agenda política, de donde siempre había sido excluida. Era una época en la cual los artistas colombianos no tenían espacio para exponer sus talentos. Después de que Marta Traba fundara el Museo de Arte Moderno de Bogotá, hoy llamado MamBo, Gloría le dio a esta iniciativa un impulso definitivo.

Trabajadora incansable, mujer inteligente, culta, con gran capacidad de convocatoria, de afectos intensos y profundos, el país pierde a una gran gestora cultural.

No olvidemos lo que dijo: “Recibí un museo por hacerse y un propósito desmesurado: el de abrir al mundo las fronteras artísticas de Colombia. Podría apelar a razones nobles como el amor al arte o el sentido patrio, mas en realidad no sé por qué acepté tamaño reto. Solo más tarde aprendí que somos nuestras decisiones”.

Como su directora durante más de 46 años, Gloria trajo al país exposiciones de artistas tan importantes como Picasso, Goya, Chagall, etc. A su cargo estuvieron más de 800 muestras nacionales e internacionales. También creó la Ópera de Colombia, otra de sus pasiones. Cuando esta columna aparezca se habrá estrenado Madama Butterfly (por primera vez sin ella). Otras de sus obras: la restauración del teatro Colón, del Museo Nacional, de la Biblioteca Nacional y del Museo de Arte Colonial; el lanzamiento de los mil títulos de la Biblioteca básica colombiana. Fue directora de Colcultura, actual Ministerio de Cultura; del Camarín del Carmen y de otras instituciones dedicadas al arte.

El nexo de los Zea con mi familia fue muy estrecho. Mi padre y Germán Zea Hernández eran buenos amigos y compartían la misma devoción por el Partido Liberal, que acababa de llegar al poder. Gloria y mi hermana Soledad tenían solo 10 años cuando se conocieron en el Gimnasio Femenino y se hicieron amigas. Más tarde, su amiga entrañable sería Elvira Mendoza, mi otra hermana, joven periodista que dirigía las páginas femeninas del semanario Sábado, que promovía la imagen de las mujeres destacadas del país. No tardó en ver tras la atractiva figura de Gloria un empecinado amor por el arte y la cultura.

Ese fue el punto de partida de una entrañable amistad. Cómplices y solidarias, pertenecían a un grupo de amigas luchadoras y guerreras. Compartían sus secretos, los amigos del arte, la cultura y la política. Se reunían los sábados, tanto en su casa como en la nuestra. Era un soporte para mi hermana en las situaciones difíciles. Aún ronda en mi mente su llanto el día que despedimos a Elvira.

Como buen amigo, muchas veces la hospedé en mi apartamento en París, donde yo vivía con mis dos hijas. De dos pisos, con vista sobre los tejados de la ciudad y la torre Eiffel, era el lugar favorito para reunirnos con amigos colombianos radicados en París. A fuerza de preguntarle a Gloria sobre sus amores, acabé convirtiéndome en su confidente sentimental. Visitábamos museos y galerías, íbamos al cine y al teatro.

Trabajadora incansable, mujer inteligente, culta, con gran capacidad de convocatoria, de afectos intensos y profundos, el país pierde a una gran gestora cultural. Su muerte nos ha dolido. Mucha falta nos hará Gloria.

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