La increíble indagatoria

La increíble indagatoria

¿Honorables magistrados aceptan como prueba admisible falsas acusaciones?

29 de agosto 2019 , 07:00 p.m.

Mucho me sorprendió la entrevista que el expresidente Álvaro Uribe le concedió a Vicky Dávila en La W. Cuando un mandatario habla para el público, lo hace valiéndose de su elocuencia y de los destellos retóricos propios de un líder político. No es el caso de Uribe. La suya fue una conversación sencilla y convincente. Respondió las preguntas enviadas por los oyentes, incluyendo las más feroces. Recuerdo una de ellas: “Usted es un líder de la ignorancia y del conflicto, el cáncer de Colombia”. Pacientemente, Uribe expuso las diferencias entre la seguridad y la guerra, entre la violencia y los recursos legales para combatirla. Cristian, le dijo al autor del insultante mensaje, llamándolo por su nombre: “Te contesto con mucho gusto: te pido que reflexiones”.

Vicky Dávila recogió todas las inquietudes que surgen en torno a Uribe a raíz de la indagatoria que debe rendir el 8 de octubre ante la Corte Suprema de Justicia. Aunque él respeta y acata todas las decisiones legales, sean justas o no, muchos recuerdan sus antiguas desavenencias con este supremo órgano judicial. También ahora advierte fallas sorprendentes. Nunca le dieron a conocer el actual proceso ni le permitieron una versión libre. En caso de que falsas acusaciones lo condenen, nunca ha pensado en pedir asilo en una embajada ni partir para el exterior. Según él, uno de los designios de su vida es combatir las infamias. “Si me dejaran detenido, pensaría muy poco en mí. Me preocuparían solamente Lina, mis hijos y mis nietos”. Con 67 años de edad, Uribe afirma: “Solo pido asilo en el corazón de los colombianos”.

Cuando estaba en la universidad se apartó de quienes soñaban para Colombia el mismo camino de Castro. Siguiendo esta aspiración, algunos estudiantes entraron a la guerrilla. Otros, por obra de la misma ideología, acabarían formando una peligrosa coalición de extrema izquierda que buscaba el poder y aún existe. Siguiendo los pasos de una democracia avanzada, el gobierno de Uribe frenó con éxito el auge de la guerrilla, promovió la ley de Justicia y Paz –a la que se acogieron los paramilitares–, bajó la tasa de homicidios y secuestros, creó el clima propicio para las inversiones nacionales y extranjeras, y algo de vital importancia para el país: redujo los cultivos de coca a 42.000 hectáreas (hoy suman 209.000 y convierten el narcotráfico en la primera amenaza del país).

Uribe nunca ha buscado ni sobornado testigos para que declaren a su favor. Tampoco sus abogados. Lo corroboran las más de 21.000 interceptaciones telefónicas que le fueron hechas. No es el caso de sus detractores políticos. Muchos de ellos –agrupados en la coalición de extrema izquierda– no dudan en servirse de los falsos testigos como arma política. Alfonso Cano creó esta vil estrategia, que es más eficaz que la lucha armada.

Siempre la he denunciado. Cada semana frecuentaba los centros de detención militar para visitar a nobles generales y coroneles injustamente condenados por culpa de este tramposo recurso. Solía, incluso, hablar con militares de modesto rango que habían sido también condenados injustamente por un falso testimonio, como el de convertir a tres guerrilleros, muertos en combate, en falsos campesinos asesinados. Siempre me sorprendía ver allí a Iván Cepeda. ¿Sargentos y soldados desesperados por falta de recursos para sus familias serían tierra fértil para sus infundios?

Otra injusticia flagrante: Andrés Felipe Arias. Como ya lo he dicho, ante la posibilidad de ser sucesor de Uribe, llovieron sobre él falsas acusaciones de sus enemigos políticos. Nunca se movió por intereses económicos ni a favor de él ni a favor de terceros. Hombre honrado y ejemplar, solo disponía de su sueldo de ministro, como lo afirmó Uribe en la entrevista.

Para terminar, me pregunto: ¿Qué pasa con la justicia colombiana? ¿Honorables magistrados aceptan como prueba admisible falsas acusaciones sin advertir que son producto de nuestra polarización política? Así lo temo.

Empodera tu conocimiento

Más de Plinio Apuleyo Mendoza

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.