Futuro claro, presente oscuro

Futuro claro, presente oscuro

No son pocas las noticias heredadas que hacen vivir a los colombianos en un ambiente de perplejidad.

06 de diciembre 2018 , 07:13 p.m.

"Ayer, promesa de campaña; hoy, programa de gobierno en marcha”. Realmente me encantó esta frase del presidente Duque para explicar lo que está haciendo y lo que se propone culminar en el 2022. Encontré los detalles de su programa en una página escrita por él y publicada el domingo pasado en EL TIEMPO. Nos propone un pacto de equidad como solución a la lista de viejos problemas aún sin resolver. Son brechas abiertas muchos años atrás que difícilmente pueden cerrarse de un momento a otro. Para destrabarlas es necesario hacerles frente de inmediato, pero con serenidad.

Empeñado en superar las rabiosas polarizaciones que reinan en nuestra vida política, Duque está dispuesto a escuchar a todos nuestros grupos y partidos políticos superando las divisiones ideológicas entre izquierda y derecha. Esto me recuerda a mi fallecido amigo Jean François Revel, quien no creía en tales fabricaciones teóricas, sino en la realidad y eficacia de los programas de gobierno. Tan funesta fue la derecha de Hitler y de Franco como lo es hoy la izquierda de Nicolás Maduro.

Nuestros problemas son muy graves y requieren duras medidas concretas. El narcotráfico, por ejemplo, se expande peligrosamente en Colombia. Los cultivos de coca, que hace diez años solo cubrían cincuenta mil hectáreas, hoy se han expandido a más de ciento ochenta mil. Igual que el déficit fiscal, ha crecido hasta llegar a catorce billones de pesos en el presupuesto del próximo año. La carencia en programas sociales, la educación, la salud y el índice de pobreza son de una magnitud inquietante. El programa en marcha del presidente Duque busca eliminar el sistema educativo público, que no garantiza la alimentación de los niños. Igualmente, el actual gobierno se propone aliviar la carga tributaria de las empresas (pymes) para facilitar su desarrollo y crecimiento de empleos. Estas y otras muchas medidas caben en el programa de gobierno para rescatar de la pobreza extrema a tres millones de colombianos.

Desgraciadamente, hoy no son pocas las noticias heredadas del pasado que oscurecen el presente, haciendo vivir a los colombianos en un ambiente de perplejidad y extremada confusión. Cada semana se presentan inquietantes noticias. Viejas grabaciones que salen a la luz permiten a muchos críticos y adversarios del fiscal Néstor Humberto Martínez levantar caprichosas sospechas sobre el supuesto conocimiento de las coimas pagadas por Odebrecht cuando era asesor jurídico del Grupo Aval. Su colérica defensa en el Congreso rompió su silencio, pero no evitó que se buscara el nombramiento de un fiscal ad hoc que tendrá a su cargo el expediente de este caso.

Otra vieja grabación revelada por la senadora Paloma Valencia mostró a Petro recibiendo fajos de billetes que iba depositando en una bolsa. Su frágil explicación de que se trataba de un préstamo para su campaña al Congreso hecho por Simón Vélez fue rápidamente desmentida por el mismo Vélez. Desde entonces se ha encendido una hoguera de suspicacias en los periódicos y demás medios de comunicación que han puesto a Petro a invocar toda suerte de respuestas para defender su nombre.

El paro de estudiantes es otra incógnita sin resolver. Seguido por un paro de camioneros, de profesores y de sindicalistas, muy pronto se ha convertido en un inesperado paro nacional. No se entiende por qué siguen las tempestuosas protestas de estudiantes, cuando el presupuesto para la educación fue aprobado por el gobierno anterior sin queja alguna. En cambio, el gobierno actual hace titánicos esfuerzos para aumentarlo a topes históricos.

Vándalos, piedras, ciudades colapsadas, policías quemados: las oscuras intenciones políticas detrás de los paros son evidentes. El Presidente, al contrario, nos propone una revolución pacífica de grandes cambios, distante de las ideologías y los discursos demagógicos.

Columnistas

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