El tiempo lo dirá

El tiempo lo dirá

Todo el mundo se pregunta qué piensa el presidente Duque de estas discutibles propuestas.

31 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

Se acercan tiempos de cambio, por cierto, inesperados. El colombiano común parece distanciarse cada vez más del Congreso. Lo acabamos de ver en la consulta anticorrupción el pasado domingo. No carecían de razón los parlamentarios del Centro Democrático y muchos otros cuando se abstuvieron de votar, aduciendo que buena parte de los puntos que contemplaba el plebiscito ya ocupaban su lugar en algunos artículos de la Constitución. 

Citaban, por ejemplo, la Ley 190 del Estatuto Anticorrupción, la Ley 599 del Código Penal, la Ley 1474, la Ley 1872 y otros mandatos sobre delitos de peculado, el tráfico de influencias, el enriquecimiento ilícito, el soborno transnacional, etc. Además, veían detrás una maroma política de los ‘verdes’ cuando asociaban a la corrupción los salarios de los parlamentarios y los altos funcionarios del Estado.

“Nada se ha hecho y seguimos en las mismas” es el sentimiento de millones de colombianos que salieron a votar. “Sea como sea, yo rechazo la corrupción con mi voto” era la frase más común que movía a muchos electores. Esta es solo una muestra de que los colombianos somos cada vez más ajenos al mundo político tradicional, hasta el punto de establecer con él un divorcio irreconciliable.

Navegamos en aguas revueltas o, por el contrario, vamos por buen camino. Por lo pronto, los interrogantes afloran.
Todo es posible.

Tiene razón Jaime Castro en afirmar que la justicia se ha politizado. En efecto, Alberto Lleras y Laureano Gómez, padres del Frente Nacional, promovieron el famoso plebiscito del 57 que separó la justicia de la política; es decir, del Gobierno, del Congreso y de los partidos. Ninguna de estas instancias podía intervenir en el nombramiento de magistrados de las altas cortes, las cuales, a su vez, designaban los tribunales y a los jueces. Se dispuso la famosa cooptación, de modo que las vacantes en la Rama Judicial las llenaban sus mismas corporaciones.

¡Horror!, la sana cooptación fue eliminada por la Constitución del 91. Se creó entonces el Consejo Superior de la Judicatura, con dos salas: la Administrativa, que elegía a las altas cortes, y la Disciplinaria, escogida por el Congreso con base en las ternas presentadas por el Gobierno. Así se estableció un cordón umbilical que acabó con la independencia orgánica de la Rama Judicial. Esta politización de la justicia trajo muchas de las escandalosas consecuencias que hoy padecemos: el llamado ‘cartel de la toga’ en todos los niveles, corrupción en las altas cortes, los tribunales, los juzgados y la Fiscalía, hasta el punto de que el fiscal anticorrupción fue extraditado, precisamente, por corrupción.

Otras incertidumbres rondan nuestro panorama político. El presidente Duque, cuando era candidato, anunció rebajas en impuestos para las grandes y medianas empresas con el fin de incrementar su desarrollo y crear más empleos para así combatir la informalidad laboral. Por otro lado, el expresidente Álvaro Uribe propone un aumento extraordinario del salario mínimo. Aunque el proyecto fue bien recibido por el presidente de la Asociación Nacional de Industriales, Bruce Mac Master, produjo alarma en las empresas que esperaban del nuevo gobierno un respiro tributario.

Ahora resulta que el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, anunció que gravará con el IVA toda la canasta familiar. Tal alza afectaría, sin duda, a las clases más pobres que siempre acuden a los alimentos menos costosos (arroz, huevos o lentejas) para esquivar el hambre. Muchos expertos olvidan esta premura, argumentando que está dirigida a imponer una tributación obligatoria a la clase alta. ¿En qué quedamos?
Todo el mundo se pregunta qué piensa el presidente Duque de estas discutibles propuestas. No parece que el Centro Democrático tenga una estrecha vinculación con él. ¿Tampoco el presidente Uribe? Como sea, nadie lo sabe. La figura de títere que se le atribuía a Duque se ha desvanecido por completo. O navegamos en aguas revueltas o, por el contrario, vamos por buen camino. Por lo pronto, los interrogantes afloran.
Todo es posible.

PLINIO APULEYO MENDOZA

Columnistas

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