Colombia para todos

Colombia para todos

Izquierda, centro y derecha pueden trabajar conjuntamente en la transformación del país.

17 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

Momento crucial en la vida de un país es el que vivimos ahora. Requiere un consenso de los partidos para afrontar los grandes problemas nacionales dejando de lado pugnas y enfrentamientos. Es la inquietud primordial de Iván Duque, quien llega al poder buscando, ante todo, el fin de las furiosas polarizaciones que desde hace años perduran en Colombia. En vez de ellas, lidera una acción conjunta para salvar el futuro del país.

Hoy, nuestro mayor problema es el narcotráfico. Medio país está cubierto por cultivos de coca, mientras tenebrosos carteles mexicanos como el de Sinaloa y el cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) operan en diez departamentos para comprar y facilitar la exportación por vía marítima de la droga. Al mismo tiempo, numerosas bandas armadas como el ‘clan del Golfo’, los disidentes de las Farc y el Eln tienen presencia en estos vastos territorios para negociar con esos carteles. Lo más grave es que buena parte de la población campesina asentada en estas regiones vive de la coca.

Otro problema que alarma a los colombianos es la inseguridad. Robos, inesperados, asaltos y asesinatos como el que acabó con la vida de Álvaro Torres Murcia, funcionario del Banco de la República, son producto de peligrosos grupos delincuenciales que reinan con impudicia tanto en las zonas rurales como en las urbanas. Estas noticias, que inundan la prensa y los noticieros de radio y televisión, obligan a los ciudadanos a tomar cautelosas medidas de protección a cualquier hora y en cualquier lugar.

Vivimos una época agitada, por no decir violenta, parecida a la que indujo a Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez a dar nacimiento al Frente Nacional.

La corrupción también es un flagelo nacional que carcome nuestro viejo mundo político a través de oscuros contratos y de la famosa ‘mermelada’. Diariamente se revelan robos y escándalos, muchas veces descubiertos por la Fiscalía. La sospecha del ciudadano común, justa o injustamente, cae sobre funcionarios de alto y mediano rango, y sobre alcaldes y gobernadores en remotas regiones del país, producto de una pérdida de confianza en las instituciones.

Finalmente, el controvertido reparto de la tierra en las regiones bajo el antiguo control de la guerrilla suscita confusos litigios. Antiguos comandantes de las Farc aparecen hoy como dueños de extensiones de tierra de las cuales fueron desalojados antiguos propietarios agrícolas que hoy reclaman sus derechos. No es fácil encontrar una justa solución de este problema surgido en tiempos de guerra.

Todo este crítico panorama, al cual se suma nuestra frágil situación económica, amenaza el inmediato futuro de Colombia. El presidente Duque lo sabe. Es ajeno a los engaños. Su vasta experiencia en organismos internacionales que desde Estados Unidos exploran nuestra situación lo impulsa a promover un clima de acuerdo para combatir y superar nuestros problemas, alejándose de gobernar con las críticas y los odios del espejo retrovisor que nos ha dividido.

Vivimos una época agitada, por no decir violenta, parecida a la que indujo a Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez a dar nacimiento al Frente Nacional. Hasta entonces, después de la muerte de Gaitán, el Partido Liberal había sido víctima de una dura represión de enconadas huestes conservadoras y de los feroces chulavitas.

Mi padre, como recuerdo muy bien, fue condenado a 25 años de cárcel por haber instigado un golpe militar. Para evitar la cárcel tuvo que asilarse en Venezuela, donde vivió cerca de veinte años. Esta amarga situación fue reparada por Lleras Camargo cuando llegó al poder, dejando atrás para siempre la violencia partidista. Mi padre tuvo entonces una amistosa relación con Ospina Pérez.

Algo similar debe ocurrir ahora con la presidencia de Iván Duque. Unión y luces redentoras en torno a un mejor futuro son sus palabras. Por cierto, en nada se parecen al discurso del 7 de agosto del presidente del Senado, Ernesto Macías.

Aunque hayan sido justas y bien sustentadas, sus afirmaciones no resultaban oportunas para la nueva era que se abre ahora. Izquierda, centro y derecha pueden trabajar conjuntamente en la transformación del país, sin perder la oportunidad de aportar sus reparos y propuestas en beneficio de Colombia.

PLINIO APULEYO MENDOZA

Columnistas

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