Capuchas y algo más

Capuchas y algo más

Los visos ideológicos de tales agitadores contienen todos los mitos de extrema izquierda.

10 de octubre 2019 , 07:00 p.m.

¿Quiénes son los encapuchados? Muchos creen que no pasan de ser desastrosos estudiantes habituados a expresar sus protestas con piedras y explosivos tipo ‘papa’ lanzados contra la policía. Marta Lucía Ramírez, nuestra apreciada vicepresidenta, piensa que los recientes encapuchados, sumados a la marcha estudiantil del 27 de septiembre, fueron enviados desde Venezuela. Su misión estaba acompañada con bombas molotov.

Me parece que nos hemos quedado cortos. Surgidos hace 20 años, los visos ideológicos de tales agitadores contienen todos los mitos de extrema izquierda, como la que domina ciegamente a Venezuela. En Colombia, los encapuchados forman parte de un movimiento nacional que –por medio de ellos– tiene presencia en las universidades, en especial en la Nacional y la Pedagógica. Pero también aparece de forma habitual en paros y muchos otros centros de educación superior del país.

A finales del año pasado, estos indómitos agitadores, cubiertos como siempre con sus capuchas y oscuras indumentarias, aparecieron en el movimiento estudiantil colombiano que a finales del 2018 mantuvo masivas y durables manifestaciones. Paros de profesores, empleados públicos, transportadores y obreros terminaron en disturbios por la presencia de supuestos enviados estudiantiles.

La constante movilización de encapuchados por el movimiento de extrema izquierda de donde salen, así como las falsas relaciones y condenas, provoca un sordo malestar en el país

Ciertamente, esta extrema izquierda introdujo numerosas fichas suyas en las principales universidades, al tiempo que se preocupó por catequizar a los alumnos. El efecto de su empeño es visible. La plaza central de la Nacional es conocida como la plaza Che, y las imágenes que adornan un muro son las del Che Guevara y Camilo Torres, pero no con sotana, sino con traje y fusil de guerrillero. La Pedagógica paraliza cada semana la avenida Chile por la acción explosiva de encapuchados que no son sus alumnos.

Recuerdo el discurso revelador que uno de ellos pronunció en la plaza central de la Nacional. Acababa de acompañar con sus acciones un paro que paralizó importantes vías de la ciudad. Agitado, y sin quitase la capucha, el orador declaró que su movimiento rebelde había nacido en el 2000. Su revolución bolivariana (así identificaba su credo) estaba de acuerdo con ‘Iván Márquez’, con ‘Santrich’ y con las disidencias de las Farc que habían vuelto a las armas.

Todo esto lo seguí en un video que circuló a través de las redes sociales y llegó a más de un órgano de prensa. El movimiento que se adivinaba detrás del orador y demás encapuchados sin duda estaba inspirado en el difunto ‘Alfonso Cano’ y su propuesta de acompañar la guerra armada con un frente político clandestino capaz de lesionar a la clase alta y su gobierno. Se me ocurre pensar que para tal efecto hay otros medios utilizables. Supongo que otra manera de fracturar el poder es la constante presentación en los campos de la justicia de falsas acusaciones contra importantes personajes. Así lograron en el pasado llevar a la cárcel a sobresalientes militares que yo visitaba en sus centros de reclusión. En estos tiempos, falsas acusaciones provocan indagatorias de la Corte Suprema de Justicia como la que rinde el expresidente Álvaro Uribe, un hombre limpio e intachable, de rigurosa moral.

¿Qué pasa con nuestro mundo judicial? No me atrevo a poner en duda la honorabilidad de los magistrados colombianos. Pese a las dudas que suscitan algunos fallos suyos (de ellos), se necesitan investigadores en todos los campos, no solo jurídicos, sino de seguridad, para examinar la veracidad de las delaciones.

Como sea, la constante movilización de encapuchados por el movimiento de extrema izquierda de donde salen, así como las falsas relaciones y condenas, provoca un sordo malestar en el país. Todo esto, sumado a los males del narcotráfico, al Eln, a las regiones donde predominan las nuevas guerrillas y a los apuros del desempleo, les abre camino a peligrosas corrientes en las elecciones presidenciales del año 2022.
¡Cuidado!

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