Brisa bolivariana

Brisa bolivariana

Los paros y las marchas patrióticas se han convertido en una especie de revuelta.

07 de noviembre 2019 , 10:54 p.m.

Hace pocos días, a través de la televisión vi a un jubiloso Diosdado Cabello –el segundo de Maduro–, vestido de rojo, reconociendo el papel que jugaba su régimen en la crisis continental. “Está soplando una brisa bolivariana”, decía alegremente valiéndose de una poética metáfora. “Rueguen a Dios que solo sea una brisa, porque pronto se puede convertir en un huracán bolivariano”.

La realidad lo confirma. Los paros y las marchas patrióticas en Chile, Perú y Ecuador se han convertido en una especie de revuelta acompañada de incendios, saqueos, piedras lanzadas contra la Fuerza Pública, al tiempo que pedían a gritos la renuncia de su presidente. Sebastián Piñera, Martín Vizcarra y Lenín Moreno no estaban acostumbrados a recibir desde la calle esta colérica exigencia de la multitud.

A tal extremo no llegó Colombia, pero sí a las marchas estudiantiles infiltradas por grupos de encapuchados. Como ya lo he dicho en mi columna pasada, no son traviesos estudiantes tentados por el vandalismo, sino agentes que obedecen a una secreta organización de extrema izquierda.

Todo grupo que responde a esta ubicación ideológica participa en el Foro de São Paulo. Fundado en 1990, los partidos o movimientos adheridos a este foro lograron imponer en el tablero continental sus candidatos, como Hugo Chávez, Lula da Silva, Evo Morales, Rafael Correa, Tabaré Vázquez, Michelle Bachelet, Mauricio Funes y otros tantos personajes del mismo perfil político.

Desde luego, las manifestaciones no responden a una ideología, sino al malestar económico, que en buena parte se debe a la guerra comercial entre China y Estados Unidos. El alza de aranceles para los productos de exportación de las dos potencias afecta a América Latina. Se incrementan los precios, las cargas tributarias, así como los servicios públicos. Sube también el desempleo, de modo que tal situación justifica los paros y las marchas de protesta a lo largo del continente.

Lo malo es que estas manifestaciones están siendo infiltradas por grupos rebeldes, como los encapuchados o vándalos, que las convierten en una especie de motín. Piedras y papas bomba contra la policía preceden saqueos de establecimientos comerciales, daños a los bienes públicos y privados, e incluso a monumentos históricos como Los Héroes.

El panorama de América Latina es sorprendente. Colombia afronta el problema del narcotráfico, unido al grave mal de las guerrillas, la corrupción y el asesinato de líderes sociales. No obstante la buena voluntad del presidente Iván Duque, los cultivos de coca ocupan vastas regiones del país, especialmente en el occidente. Carteles mexicanos, como el de Sinaloa, se instalan en nuestro territorio para facilitar el tráfico de la droga hacia Europa, Asia y Estados Unidos.

A todo esto se suma la protección que Maduro les concede al Eln y las disidencias de las Farc para preparar sus ataques en Arauca, el Catatumbo y otras zonas fronterizas. Venezuela se ha convertido en una nación tan pobre y ruinosa que tres millones de venezolanos han abandonado dramáticamente su país.

El sur no se libra de estos azotes. En Chile, país que nos servía de ejemplo por el tranquilo manejo de sus finanzas, aparecieron jóvenes encapuchados –a quienes llaman vándalos, lumpen o violentistas– que protagonizan diarios enfrentamientos con la policía. El presidente de la nación ha tratado de bajar la oleada de violentas manifestaciones con el cambio de su gabinete. Algo similar ocurre en Perú. Martín Vizcarra cerró el Congreso para aplacar las marchas públicas que se lo pedían a gritos. En Ecuador, miles de indígenas invadieron las calles de Quito, protestando por el nuevo precio de la gasolina, al tiempo que se suprimían los subsidios. Moreno acabó derogando sus medidas.

El huracán bolivariano que vaticina Maduro puede llegar al Brasil de Bolsonaro y detenerse en la Bolivia de Evo Morales y en el peronismo de Argentina. ¿Podrá Duque detenerlo?

PLINIO APULEYO MENDOZA

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