¿Y si sanamos la falla cultural?

¿Y si sanamos la falla cultural?

Si Colombia quiere entender su crisis, tiene que empezar por entender la coca.

14 de junio 2019 , 08:05 p.m.

La crisis colombiana viene de una Conquista fallida que sembró desorden en el territorio e irrespetó lo local, llegando a negar el valor de la coca, hoja tutelar de la comarca, en cruel ironía.

Me preocupa todo lo que a todo el mundo le preocupa. Pero detrás de eso hay un complejo determinante. Y lo que más me preocupa es que lo ignoramos.

En pocas palabras, cargamos con una identidad fraccionada en la que lo español se exalta, lo indígena se reprime y lo negro se olvida. Así es difícil ser o estar.

Es la consecuencia de la Conquista, cuando un pueblo dizque superior llega a tierra nueva pero destruye la naturaleza, somete a los nativos que no mata y luego importa esclavos.

Observando a Colombia, entendemos que los conquistadores no eran la flor y nata de Europa, sino brotes de la dificilísima historia de la España de aquel siglo anterior a la Conquista, cuando se fraguó la personalidad de los conquistadores. Después, el rey, desconociendo de tajo los derechos de los indígenas, les daba trozos de América de 5 kilómetros por 5 a personas que no estaban preparadas para semejante responsabilidad. Ahí nació el desorden alrededor de la tierra, la rebatiña de cinco siglos, ahora nudo gordiano que paraliza el país.

La coca se adapta a todo, es útil para la sociedad en todas las dimensiones. Alienta, organiza, interpreta, enaltece, esclarece. Unifica y da un sello cultural recio, de altura, único.

Los principios de la civilización anterior, en vez de valorarlos, los rechazamos y degradamos.

Fue así como convertimos la coca en cocaína. Porque nuestro mecanismo cultural es de destrucción y explotación, no de integración y construcción.

La cocaína, una energía tremenda pero desvirolada, es uno de los 66 ingredientes activos de la coca, el más activo, en proporción de 0,5 %, medio por ciento; o una parte por 200. La coca no es, pues, cocaína sino en ínfima proporción. La coca fue el fundamento de la vida del indígena. Nosotros, por traficar el 0,5 % que hace daño, desestimamos el 99,5 % que hace bien. Es la medida de nuestra impericia.

En lo cultural, lo cosmopolita sucede a lo español y crece a lo largo de los siglos, gracias a la inteligencia de tantos colombianos. Por eso, la idea del presidente Duque, la economía naranja, para nada es traída de los cabellos, máxime si es la ocasión de un nuevo intento de síntesis cultural. Así podría ser parte de la solución.

Para entender cómo funcionaba la coca en los Andes, se debe leer un libro, History of Coca, de W. Golden Mortimer (por publicarse en español en el Perú), libro hecho a lo largo de 40 años por este estudioso de finales del siglo XIX, distinguido miembro de la academia y el cuerpo médico de la ciudad de Nueva York. Cuarenta años de vivir con la coca, entenderla, explicarla, saldrán pues a la luz pública en este magnum opus. Una obra que habría que volver a escribir para el siglo XXI.

Ahora, que a nadie se le ocurra que al país le puede ir bien si no subsana su trauma histórico, a saber: la Conquista fallida y el irrespeto por lo que había en América.
Semejante toma de conciencia requeriría depurar la mente para abordar de nuevo la verdad.

Venzamos miopía y pasión, entendamos que la coca es un ‘universal’ dado en forma de ‘naturaleza viva’, que por mérito llegó a constituirse en el principio mismo de la civilización inca. La coca se adapta a todo, es útil para la sociedad en todas las dimensiones. Alienta, organiza, interpreta, enaltece, esclarece. Unifica y da un sello cultural recio, de altura, único.

En resumidas cuentas: bien usada, la coca es benéfica. Mal usada es cocaína. O perdición.

Si Colombia quiere entender su crisis, tiene que empezar por entender la coca, aprender a usarla y presentarla ante el mundo como la cosa digna que es.

Es una cruel ironía que lo que nos destruye es, a la vez, lo que nos podría salvar. Es solo cuestión de encontrar la buena forma, el buen formato.

Sal de la rutina

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