Proceder con base en consensos

Proceder con base en consensos

¿Cuánta oposición va a ser necesaria para que los países entren en razón?

02 de marzo 2019 , 11:51 p.m.

Los que creen saber cómo es la cosa con Venezuela no saben mucho porque es una situación sin precedentes, una dictadura dura en el norte de Suramérica.

Un robo de cientos y cientos de miles de millones de dólares, con una implicación cubana no tan atractiva, y una administración en Washington manejada un poco al azar. Porque hacen falta principios.

En Estados Unidos, los que tienen principios están en su mayoría en lo que queda de sano y fuerte del lado demócrata, donde sí hay a quién admirar... aunque no dan pie con bola.

La Corte Penal Internacional va a tener que decretar unas ‘tierras de nadie’ para refugiar a los que se tienen que ir de Venezuela para que esta vuelva a su camino, y espero que eso lo estén negociando. Es la prioridad.

Y la oposición va a tener que institucionalizar (López Michelsen) o reencuadernar (derivado de Carlos Lleras) su posición, su ideario dinámico y su estrategia para mantenerse unida en el tiempo, pues ese es el ingrediente secreto, y representar un progresismo digno asido en paz y diálogo, mas no exento de autoridad. La oposición venezolana, digo.

La colombiana, si se quiere escindir en dos, vuelve a perder.

La oposición a la evolución del planeta ya incluye niñas de bachillerato que se niegan a asistir a clase y acampan frente a los parlamentos. En Bélgica, en Inglaterra, ojalá en todo el mundo.

¿Cuánta oposición va a ser necesaria para que los países entren en razón? El caso inglés se juega ahora en el escenario del mundo como un drama, o sea, un juego de tronos en el que una minoría pretende negar los derechos de los demás, negar la democracia, agarrarse del poder y acaparar el tesoro.

Lo que está en juego en Inglaterra es la Democracia, aquel don de Grecia clásica, jamás superado. En este momento, en Colombia, la defensa de la Constitución por las altas cortes y el marginamiento voluntario de estas de la feria de influencias son indicios de que la democracia no ha muerto.

Mi interrogante se refiere a si el colombiano medio y una contraparte femenina de él tienen suficiente conciencia política para ser baluartes de la democracia. Los individuos somos la democracia; y viceversa. Tenemos que defenderla cuando la atacan. Y ella nos ampara.

Mirar la meta con Venezuela y ponerla en la mira y demandar de todos su activo apoyo. Tal es la tarea de la diplomacia en este momento. Vamos a ver cómo estamos en diplomacia, señoras y señores del alto estamento nacional y hemisférico, ahora que vais a definir esta situación en la que estamos.

Producir comida de manera democrática, nada más revolucionario en Latinoamérica, ¿no?

¿Imposible? Para nada, buenísimo.

Hay suficiente tierra para que una parte buena se vaya a producir comida democráticamente. Eso no les va a quitar nada a los intereses agrarios. Tener una fuerza de trabajo bien alimentada es una ventaja estratégica. Adelante con eso. En Colombia y en Venezuela. De la mano de la reorientación ecológica, que no da tregua.

Después, ninguno de los dos países sería imposible de manejar si hay un corto plazo benévolo y un mediano plazo respaldado por una mayoría.

Como sea, sin un gobierno mayoritario, nada. Ni allá ni acá. Es la condición de posibilidad para que cualquier proyecto político se cumpla.

Olvídense del ‘Art of the Deal’, piensen mejor en consenso.

PEDRO SHAIO

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