Para ponerle un poco de orden al concepto de naranja

Para ponerle un poco de orden al concepto de naranja

La fórmula naranja integra la cultura y su energía en la producción.

12 de septiembre 2019 , 07:14 p.m.

¿Naranja da PIB? Primera pregunta. Si afirmativo, entonces surge la cuestión de hacer real la economía naranja. No, ciertamente, por ser creativos con las definiciones, eso es política; pero cincelado debe quedar: naranja puede llegar a ser real.

Primera vez que un proyecto nacional tiene proyección popular. Es que la creatividad está distribuida normalmente por toda la población. Y si el país quiere ser pleno y grande, tiene que expresarse en su unidad más grande: República. (No en vulgar estratificación.)

Sí, hombre, República, la imperecedera contribución de Roma a ordenar los asuntos humanos, con base en la creación de una dimensión pública más allá del bien y del mal.

Fabricar algo que
se puede vender. Como la fórmula tecnológica la ponemos nosotros, los humanos, entonces en este momento la fórmula naranja tiene sentido como política económica.

Pero bueno, lo principal, en lo práctico, es esto que sigue. Lo naranja a lo republicano, visto al derecho, es entrenamiento, aprendizaje, práctica libre, y algo de currículo –pero bien ordenado– y todo lo anterior al son de ‘taller’, la actividad mediante la cual se crea y cultiva y forma y aprende a producir lo naranja, allá mismo donde se hace.
Todo el esfuerzo enfocado en aquellos elementos que se estime, en un período corto, mediano, o largo, contribuyan a hacer real algo naranja, permitan realizar algo. Ni se debe sacrificar el largo plazo al corto, ni a la vice-conversa.

Aplicaciones. El cine que se hace en el mundo, ¡ja!, que hiciéramos siquiera el dos por ciento los colombianos, ya emporio naranja seríamos. Sin música, televisión o publicidad ni video. Y sin ‘naranja dos’, que es la transformación de la materia de objetos y sistemas, con conciencia naranja. Algo apenas comenzado a imaginar.
Sí, creo, es indudable que en vez de toda esa agitación política, toca ponerle respiro o respiración a esto. Darle aire... y espacio, tiempo libre, pensamiento, consideración, consulta, estudio, discusión, acuerdo, y decisión. Bajo parametría naranja.

Desde el programa social de la República Liberal de los años treinta del finado siglo veinte no vemos una propuesta nacional tan oportuna como esta. Naranja expresa el software espiritual, Zeitgeist, despide el aroma del ahora, abre la puerta a la felicidad de la creatividad. La naranja va planeando por encima de esta agonía que llamamos Historia Patria, historia al revés con amos de siervos, etc., y con su leve alzadito espacio-temporal, el ritmo de su son.

¡Oh España! Entiende. No vino España, ¡que no!, vinieron los conquistadores de América.

Y la sociedad americana que Bolívar creó lo dejó a mitad de camino. Como el mismo Simón Bolívar previó en Jamaica, no cuajaba esa sociedad, era demasiado nueva.
Tenemos que revelar y entender, mascar, esa historia gigantesca y dantesca que fue y es la historia patria, la Independencia aquella, la Corona, todo eso que viene de Nación, ese estorbo enorme. Enmarcado todo en cultura nacional del pasado. De pronto. Ojalá hubiera unos historiadores que investigaran y recopilaran esos arcanos.

Porque ahí está la base narrativa de la economía naranja. La base del cuento. La leña para llevar al fuego. Y esa capacidad de vernos, ese es el legado de Gabriel García Márquez.

La cultura, que es como la cuna de la economía naranja, en suspenso su cuento cuenta en el devenir existencial de lo espacio-temporal. En el descuente.

Y si le estamos debiendo al Libertador que su vida no haya sido en vano, pues bien, el camino naranja es una posibilidad para avanzar en el cometido.

Fabricar algo que se puede vender, porque es un producto útil a buen precio. Como la fórmula tecnológica la ponemos nosotros, los humanos, entonces en este momento la fórmula naranja tiene sentido como política económica. Integra la cultura y su energía en la producción.

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