close
close
Secciones
Síguenos en:
¿Y la liberal bandera?

¿Y la liberal bandera?

Desde la Asamblea Constituyente, el Partido está ausente de la discusión de los problemas del país.

01 de diciembre 2021 , 08:00 p. m.

El Partido Liberal está en la más dura encrucijada. Después de ser el partido que, entre mediados del siglo XIX y mediados del XX, fue capaz de instituir el sufragio universal, abolir la esclavitud, separar la Iglesia del Estado, instaurar el matrimonio civil, la libertad de prensa, impulsar la reforma agraria y desarrollar los derechos laborales, para citar solo algunas de las reformas más importantes, hoy lo acusan de terminar convertido en una pequeña maquinaria electoral de diputados y concejales. Sin vocación de poder y perdido en las pequeñas pugnas electoreras y burocráticas, buscando un candidato que no lo deje hundir definitivamente.

(También le puede interesar: La cultura de los avivatos)

Puede que las críticas sean injustas o no. Lo cierto es que el partido que promovió los debates en torno a la libertad política de los ciudadanos, las limitaciones al sufragio universal, la libertad religiosa y la enseñanza, las garantías individuales, la independencia de poderes, la descentralización, los fines del Estado o la democracia económica, como antesala de las reformas constitucionales y legales que han llevado a la modernización política, económica y social del país, está completamente ausente de cualquier discusión o iniciativa de política.

Los temas que hoy preocupan al mundo (cambio climático, diversidad, la bioética) son los que han estado y están en el centro de la agenda del liberalismo. Son los llamados a liderar los debates, movilizar las agendas, crear la conciencia social sobre la necesidad de actuar. Pero aquí están ausentes. Por lo menos por la tradición de sus intereses, sus preocupaciones, por la doctrina que han seguido, por los recursos que han desplegado, son los llamados a estar en la primera línea de la acción política.

El poder y la tradición del partido son tan fuertes que aún tiene un pequeño margen de maniobra para recurrir al viejo electorado que todavía lo puede sostener.

Todo está reducido al trámite político. A la discusión burocrática. Es cierto que la falta de una agenda programática, sumada a las divisiones internas, permitió que Julio C. Turbay llegara a la presidencia con una escasa legitimidad, y que dio vía libre a un gobierno que, por una parte, instauró el “gobierno de los directorios”, con el que quería perpetuar la fórmula de milimetría política en la repartición de los cargos públicos. Y, por otra, expidió el Estatuto de Seguridad, que entregó a los militares el manejo autónomo del orden público y le confirió la facultad de imponer penas en ciertas jurisdicciones, que terminó quebrantando el principio del liberalismo que es la defensa de las libertades políticas.

También es cierto que la Constitución del 91 chocó de frente con la primacía del mercado que profesaba como una religión por el equipo de gobierno del joven presidente Gaviria. Muchos de los principios que formulaba la nueva Constitución fueron contrariados o disueltos en las leyes que reglamentaban la carta magna. Y que allí quedaron congelados algunos de los principios que debía defender el liberalismo. El “pragmatismo” se convirtió en la carta de navegación de un gobierno que lo entregó todo a las fuerzas del mercado. Lo mismo, hay que aceptar que la crisis del proceso 8.000 no le permitió al gobierno Samper otra cosa que unas pocas reformas sociales que no logran sacar al Partido Liberal del “pragmatismo, con milimetría política”, que lo ha ido consumiendo en las últimas décadas. Y que los dos gobiernos consecutivos de Uribe y Santos hicieron todo lo posible por enterrar el Partido Liberal.

Desde los debates de la Asamblea Constituyente, el Partido Liberal está ausente de la discusión de los problemas del país. No ha logrado estructurar una agenda de cambio. Ni siquiera en estos momentos en que los problemas de las libertades, el cambio climático o la diversidad hacen parte de la agenda liberal en el mundo. Que son 30 años de inmovilidad. Sin embargo, el poder y la tradición del partido son tan fuertes que aún tiene un pequeño margen de maniobra para recurrir al viejo electorado que todavía lo puede sostener. La agenda de problemas públicos en el mundo no es del centro y sí del liberalismo, que la debería asumir. Pero ¿qué se hizo la liberal bandera?

PEDRO MEDELLÍN

(Lea todas las columnas de Pedro Medellín en EL TIEMPO, aquí)

Más de Pedro Medellin

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.