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¿Un paso adelante?

¿Un paso adelante?

Antes que pensar en la gente, los candidatos andan pensando en mantener sus prerrogativas.

27 de octubre 2021 , 08:00 p. m.

Colombia no había vivido una coyuntura electoral a la presidencia de la República tan incierta y confusa como la actual. Nadie sabe cuál es el rumbo que dirigentes políticos y candidatos le quieren proponer al país. Por eso no tienen clara su decisión de por quién votar. Ni siquiera en la época aciaga en que el cartel de Medellín asesinó a cuatro candidatos presidenciales había tanta incertidumbre y confusión. Se tenía claro que el terrorismo era el problema y que había que buscar una salida

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Hoy, electoralmente, el país está perdido en medio de una quincena de candidatos que (salvo dos o tres excepciones por formación académica, experiencia y peso político) chapotean en el pantano de las ambigüedades y la indecisión. Cuán lejos están los líderes partidistas y sus candidatos de la gente; y cuán grande es su desconocimiento sobre lo que sucede en el país.

Las encuestas revelan tres hechos trascendentes: 1) Uno de cada dos encuestados ha expresado su disposición a votar por un candidato de la derecha o uno de la izquierda. Lo han dicho sin ambages ni medias tintas. Los votantes prefieren mensajes claros y directos. En cambio, solo uno de cada siete votará por un candidato del centroderecha o la centroizquierda.

2) Una proporción similar de ciudadanos (48 %) reconoce su afinidad con un partido político (por pertenencia o por adhesión), de izquierda o de derecha. Uno de cada diez es afín con un partido de centroizquierda, y uno de cada ocho con uno de centroderecha.

3) El desencanto con el centro es evidente. Mientras en las encuestas de cultura política del Dane para 2019, el 39 % de los ciudadanos se ubicaban en el centro político, en las últimas encuestas el centro no alcanza un margen similar al reportado un par de años atrás. Incluso a medida que las elecciones se acercan, la proporción de votantes por el centro sigue cayendo.

Las coaliciones, lejos de ser una alternativa que representa a los ciudadanos, son un mecanismo que salva a los políticos de las derrotas y les reduce los costos de ser una minoría.

Sin embargo, los políticos continúan pensando en la necesidad de acabar con los partidos y recurrir al mecanismo de las firmas para dar soporte a sus candidaturas. Se equivocan. Primero, no entienden que los ciudadanos no rechazan los partidos políticos. Rechazan a esos remedos de partido que han construido, y a quienes le sacan provecho entregando avales o tomando para sí los recursos que les entrega el Estado. No son otra cosa que pequeñas maquinarias electorales al servicio de un reducido grupo político o clan familiar, que no los representa sino a ellos. Nada más alejado de su agenda que la gente o la noción de bienestar general o beneficio público.

En ese bache han caído los partidos Liberal y Conservador. Ahora solo son pequeñas maquinarias electorales al servicio de caciques regionales o locales que, con sus votos, aseguran su reproducción o la de su familia como poseedores de alguna franja burocrática o administrativa en las entidades del nivel nacional o territorial. Y segundo, están aferrados a los candidatos por firmas que solo se representan a sí mismos. No hay nada más antidemocrático que alguien avalado por firmas. Un candidato de partido se tiene que someter a un mecanismo interno de elección y son los que allí militan, quienes lo eligen y ante quienes debe rendir cuentas por lo que hizo o dejó de hacer, durante las elecciones y en el ejercicio de gobierno. En cambio, uno por firmas no necesita someterse a nada de eso, ni es controlado por nadie en la elección, o en el poder.

En ese contexto, las coaliciones, lejos de ser una alternativa que representa a los ciudadanos, son un mecanismo que salva a los políticos de las derrotas y les reduce los costos de ser una minoría. Ahí está en problema. Antes que pensar en la gente, los candidatos y sus jefes políticos andan pensando en mantener sus prerrogativas. Estamos al borde del precipicio y ellos, como siempre, invitando a dar un “paso adelante”... Sabiendo lo que puede pasar...

PEDRO MEDELLÍN

(Lea todas las columnas de Pedro Medellín en EL TIEMPO, aquí)

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