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Las ‘marismas’

Las ‘marismas’

El centro es un terreno pantanoso del que resulta muy difícil salir. La AV está a tiempo de hacerlo.

13 de octubre 2021 , 08:00 p. m.

La Alianza Verde (AV) está demostrando que no hay nada más resbaladizo que el capital político. Que se puede desperdiciar con una facilidad asombrosa y a toda velocidad. Y lo más duro que, en política, nada más incierto que los éxitos electorales.
Después de ganar la alcaldía de Bogotá (con 1’100.000 votos) y 78 alcaldías más, de tener casi mil concejales y lograr el mayor crecimiento en las elecciones legislativas que la convertían en la mayor fuerza de oposición, AV hoy está reducida a un pequeño e intrascendente partido político de 19 congresistas, y decidiendo si va con la coalición patriótica o la coalición de la esperanza. (!!!)

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Pobre herencia para un proyecto político independiente que no nació de cero. Fue el punto de llegada de una gran movilización ciudadana que se desató cuando un grupo de académicos demostró que para ganar elecciones no se necesitaban las colosales maquinarias de dinero; ni para gobernar había que entregar la administración a los políticos. Que, partiendo del principio de construir sobre lo construido, convirtió a una ciudad que era tierra de nadie en un orgullo de sus habitantes, que ilusionó a los colombianos, porque probó que se podía tener país diferente. Y, sobre todo, porque hacían política decente sin necesidad de autoproclamarse como tales.

¿Recuerdan la ola verde? Un fenómeno electoral que puso a miles de colombianos a elaborar sus propias camisetas de campaña, inventar mensajes, organizar reuniones sin tener que pagar un peso. Un movimiento que obligó a las maquinarias de los ‘Ñoños’, los Musas y demás politiqueros a emplearse a fondo para ganar la presidencia.
Qué paradoja. La misma ciudad que ayer sirvió como base de lanzamiento de una propuesta de cambio es la que se puede convertir en la sepultura de semejante proyecto.

Lo más grave es que se perdieron los referentes pedagógicos, éticos y políticos que caracterizaban los comportamientos de los verdes en los gobiernos. En su lugar hoy prevalecen las invocaciones sin fondo (ni siquiera ideológico), que confunden la política con el confrontacionismo. Y lo peor, que el proyecto político de ciudad, de país y de sociedad que se había construido se disolvió en la polarización entre uribistas y santistas.

La pérdida de perspectiva política es tan fuerte, que las “grandes” decisiones están reducidas a apoyar a Petro o a Fajardo.

La pérdida de perspectiva política es tan fuerte, que las “grandes” decisiones están reducidas a apoyar a Petro o a Fajardo o a dejar en libertad a sus votantes. Como si fuera el asunto crucial de la política en el país. Y mientras la gente vive con angustia el día a día, AV no logra ir más allá de los señalamientos internos, ni imponer un mínimo orden, o proponer una medida trascendente. Tanto que esas grandes “decisiones” se están tomando con base en tres encuestas en que sus simpatizantes no superan los 3 de cada 10 entrevistados. ¿Qué decisión interna pueden a tomar con tan pobre representatividad?

Pareciera que la AV se hunde en los llamados marismas. Es una denominación que en política nace en 1789, con la Revolución francesa, cuando la convención nacional debatía si mantener o no el poder de veto del Rey sobre las decisiones de la Asamblea. Quienes estaban de acuerdo con mantener esa prerrogativa para el Rey estaban a la derecha; quienes estaban en desacuerdo, se habían ubicado a la izquierda. Y los indecisos se quedaron en el centro. Cada grupo se identificó con una zona geográfica. A los que estaban a la izquierda, como la montaña; los de la derecha, como la llanura; y los que quedaban en el centro, como la marisma. Es decir, un terreno pantanoso.

Un viejo profesor francés, con fino sentido del humor, decía que en realidad esa geografía profetizó lo que serían los partidos políticos dos siglos después: la izquierda no era una montaña, sino una montonera; la derecha, no una llanura, sino un plano seco que ni cambia ni crece; y el centro, un terreno pantanoso del que resulta muy difícil salir. La AV está a tiempo de hacerlo.

PEDRO MEDELLÍN

(Lea todas las columnas de Pedro Medellín en EL TIEMPO, aquí)

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