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¿La primacía del ‘statu quo’?

¿La primacía del ‘statu quo’?

La Distrital todavía no supera el desorden administrativo ni el estancamiento académico en que vive.

03 de noviembre 2021 , 08:00 p. m.

No se advierte un buen futuro para la Universidad Distrital. Han pasado más de 2 años desde cuando se puso al descubierto uno de tantos casos de corrupción que han afectado a la universidad. Ni siquiera la condena a 20 años del corrupto ayuda a levantar cabeza. La Distrital no logra recuperar el prestigio que alguna vez tuvo. La razón es evidente: todavía no supera el desorden administrativo ni el estancamiento académico en que vive hace ya cerca de dos décadas.

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Por ejemplo, hace una semana, en sesión del Consejo Superior de la universidad se informó que un atraso en la presentación de la declaración de renta le significó una multa de la Dian por 13.283 millones de pesos, que gracias a las gabelas de la ley tributaria queda en 1.328 millones. Y luego, otra "demora en la retención en la fuente", le significó otra multa por 713 millones de pesos. Es la consecuencia de la incompetencia estructural que vive la universidad.

La falta de una carrera administrativa que permita el ingreso basado en el mérito y respete el derecho a la igualdad de acceso, así como la resistencia a una reforma administrativa que modernice la estructura y provea la planta de personal con competencias encaminadas a cualificar la gestión y el valor público tienen bloqueada la gestión de la universidad. Estas carencias, sumadas a la falta de procesos de evaluación de los funcionarios, se reflejan en un aparato administrativo cada vez más ineficiente, pesado y costoso.

Pero si en el terreno administrativo llueve, en el académico no escampa. Una universidad cuya evaluación docente muestra que el 81 % de sus profesores es calificado como excelente (notas entre 4,5 y 5 sobre 5) debía reportar resultados muy relevantes en las pruebas de Estado, tener publicaciones que impacten el mundo académico y una influencia grande en las decisiones públicas. Además, si se considera que esa calificación significa un punto salarial, que en el sistema de estímulos de la universidad implica un aumento de $ 15.000 pesos en el salario del profesor, pues la exigencia de calidad debería ser mayor.

La Distrital se encuentra en proceso de elección de rector, y ninguno de los candidatos propone algo que trascienda ese statu quo, en el que todos son tan felices como improductivos.

Pero los resultados de la universidad en las pruebas de Estado, con alguna excepción, no son los mejores; las facultades tampoco producen conocimiento trascendente (o por lo menos reconocido como relevante) en el mundo académico nacional, y sus labores no están impactando a la administración pública distrital.

Es evidente que, en la evaluación profesoral, se valora el cumplimiento sus actividades (asistir a clase, llamar a lista, examinar a los estudiantes), pero no su calidad académica ni sus publicaciones o su aporte al desarrollo de los programas y proyectos de las facultades. Todo parece diseñado para sostener una especie de statu quo en el que todos se benefician con el menor esfuerzo.

La universidad debería ser el soporte del gobierno de Bogotá. Tiene la gente para formar los equipos, estructurar las políticas y monitorear los programas públicos. ¿Imaginan la Facultad de Artes trabajando para el desarrollo de las artes musicales, escénicas, o las plásticas y visuales en Bogotá? ¿O a la Facultad de Educación supervisando la calidad de la educación infantil? ¿O a la de Ciencias metida en la formación en matemáticas de los niños de la ciudad? ¿O a la Facultad de Ingeniería ayudando a resolver los problemas de conectividad, movilidad e infraestructura urbana?

Lo que preocupa es que la Distrital se encuentra en proceso de elección de rector, y ninguno de los candidatos propone algo que trascienda ese statu quo, en el que todos son tan felices como improductivos. Y por el camino está la duda de que no hubo transparencia en la selección de los candidatos a la rectoría, pues fueron laxos con el cumplimiento de requisitos en unos casos y demasiado exigentes en otros. ¿Todo por la primacía del statu quo? Lo dicho. No se advierte un buen futuro para la Distrital.

PEDRO MEDELLÍN

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