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La cultura de los avivatos

La cultura de los avivatos

Se cumplen cinco años de los acuerdos y no hay un documento que refleje mejor esa idiosincrasia.

24 de noviembre 2021 , 08:00 p. m.

(A Augusto Ibáñez)

En 1996, la Universidad de los Andes publicó el estudio ‘Reglas de juego y costos de transacción en Colombia’, que explicaba la cultura del avivato que regía en el país. Una encuesta a abogados y empresarios identificaba la frase que mejor caracterizaba la "manera colombiana" de hacer las cosas: "Para tener éxito en los negocios no es necesario cumplir con los acuerdos". Era la opinión de uno de cada dos abogados y dos de cada tres empresarios encuestados. Según el estudio, para los primeros, lo característico de los colombianos al negociar era la improvisación, la creatividad, la habilidad para transar y la falta de claridad al negociar. Y para los empresarios, lo particular era el incumplimiento, sin dejar de mencionar "ser sagaz, astuto y vivo, el poder de convencimiento, la falta de reglas, el irrespeto a las normas y la desconfianza".

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Han pasado 25 años y esa cultura no cambia. Los reportes del 'Estudio mundial de valores para Colombia', las investigaciones sobre legalidad y disposición cívica, así como los ejercicios adelantados por Antanas Mockus como alcalde de Bogotá, revelan que esa cultura del avivato persiste con más fuerza. Que para la gente, lo que es culturalmente aceptado no es necesariamente lo legal; que no importa que se diga una cosa, pero se haga otra; que haya un régimen de derechos, pero no uno de deberes; o que la justicia solo se aplica por mano propia.

Se cumplen cinco años de los acuerdos del fin del conflicto con las Farc. Y no hay un documento que refleje mejor esa idiosincrasia del avivato, que esos Acuerdos. Dejan ver hasta dónde fue esa práctica de escribir una cosa, pero hacer otra; ese recurso de buscar un propósito, pero en realidad estar persiguiendo otro. Sin importar lo que eso significara, ni la responsabilidad que impusiera o los costos que generara.

No hay nada que refleje mejor ese espíritu grandilocuente y tramposo que tenemos los colombianos cuando invocamos una obra que se monta para el público. Basta recordar cómo se pavoneaban diciendo que en el centro de los acuerdos estaban las víctimas. Y que ningún jefe de las Farc podría eludir la cárcel. O ver la actitud taimada, oportunista y ventajosa de mirar para otro lado cuando tenían que asumir que no había los recursos ni la capacidad institucional para financiar y cumplir con las obras y la reincorporación que habían prometido.

Estaba convencido de que la cultura de los avivatos en los acuerdos llevaría al país al despeñadero. Hoy, con el acuerdo firmado, tengo la convicción de sacarlo adelante.

Esa cultura tuvo en la JEP su máxima expresión. Ver a los magistrados intrigando para asegurar que en la ley estatutaria se incorporaran sus requerimientos, o a sus máximos dignatarios asustados ante las actitudes desafiantes de 'Santrich'. No entendían que se trataba de un tribunal internacional, ni tampoco que eran los "garantes de los acuerdos", como varios de los magistrados se autocalificaron en grandilocuentes ensayos. Si en algo deben ser garantes es en la imparcialidad que guía sus decisiones. Son jueces y punto.

Por fortuna, ha sido la fuerza de los acontecimientos la que los ha obligado a retomar el camino de un tribunal internacional de justicia. Gracias a algunos de sus jueces, hoy tenemos el auto 19/26-01-21, sobre secuestro; el auto 125/2-07-21, sobre las conductas de los militares en el Catatumbo; el auto 128/7-07-21, sobre asesinatos y desaparición forzada, o las decisiones cruciales de la sala de definición de situaciones jurídicas de cerrar la puerta a personajes que pretendían eludir la justicia por esta vía.

En su momento estuve al frente del 'No' porque, además de los argumentos jurídicos que aprendí con Augusto Ibáñez, estaba convencido de que la cultura de los avivatos en los acuerdos llevaría al país al despeñadero. Hoy, con el acuerdo firmado, tengo la convicción de sacarlo adelante, porque al final también será una manera de apoyar a quienes han querido retornar a la vida civil, y a los que están haciendo todo el esfuerzo porque salga adelante. Aunque los avivatos sigan llenando sus bolsillos y sus egos en nombre de la paz.

PEDRO MEDELLIN

(Lea todas las columnas de Pedro Medellín en EL TIEMPO, aquí)

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