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El régimen de los 'magos'

El régimen de los 'magos'

En materia de contratación pública, todo es incertidumbre y oscuridad.

25 de agosto 2021 , 08:00 p. m.

Se trata de verdaderos magos. Conocen, como nadie, los vericuetos de la contratación pública. Saben llenar los formatos y cumplir con los requisitos al detalle. Aprovechan al máximo las fórmulas jurídicas. Y, obvio, ganan las licitaciones. No importa si cumplen o no con lo que se licita. Incluso, logran escoger a su interventor. Y, más obvio todavía, son los mismos que animan todas las fiestas.

Los trucos que conocen son interminables. Su capacidad para hacer o deshacer entuertos les facilita moverse con fluidez de la infraestructura a los contratos de tecnología y de allí, a los de alimentos. Su saber especializado y sus contactos les permiten pasar de un bando a otro, de un estrado a otro, armar los pleitos, asegurar los repartos y hasta los fallos de los tribunales. Son tan avezados que, incluso perdiendo, terminan como ganadores.

Pero no se trata de un grupo que se haya formado, o que desarrolle sus competencias en una escuela determinada. Se trata, más bien, del producto que deja ese esfuerzo tan complejo como inútil, de los ‘expertos’, contratados por el Estado para regular y controlar los procesos de contratación: buscando simplificar las normas, complejizan las condiciones y procedimientos; tratando de dar transparencia a la contratación, establecen reglas que terminan opacando los procesos; queriendo ofrecer seguridad jurídica, establecen tales requisitos que lo único que garantizan es la inseguridad jurídica; y pretendiendo combatir la corrupción, penalizan procesos administrativos que convierten al servidor público en responsable inmediato de las conductas punibles.

En materia de contratación pública, todo es incertidumbre y oscuridad. Estamos muy lejos de los referentes de la Ocde en materia de simplificación y transparencia de la contratación. Todo es tan complejo que no basta ser un experto abogado. Hay que ser un mago para entender y saber cómo proceder.

No de otra manera se explica por qué el universo normativo que regula la contratación pública supera las 650 normas, entre leyes y decretos, de las cuales hoy se encuentran 270 normas vigentes que rigen esa contratación, como lo ha sistematizado Iván Gómez Lee. Esto, sin considerar los reglamentos establecidos por cada entidad, con lo que se superan las 5.000 reglas que regulan los procesos de contratación pública en el país. Ni tampoco las ‘zonas grises’ de la contratación abiertas por regímenes autónomos o sistemas de administración con terceros que permiten manejos indebidos.

Los trucos de los magos se desvanecen con la exposición a la luz. Y la obligación de las entidades está en poner los reflectores más potentes y en revisar en exceso cada una de sus acciones.

¿Cuántas entidades públicas pueden contar con un equipo de abogados expertos que ponga freno a la corrupción que se filtra de semejante universo normativo?

El problema es que la administración pública colombiana está a expensas de los magos. El último intento que se hizo en 2011, para convocar una ‘Comisión de reforma de la contratación pública’, que resolviera los problemas de opacidad, incertidumbre y complejidad de estos procesos, terminó ante una lánguida derogatoria del decreto 2430, porque nadie quería enfrentar un problema de semejantes proporciones.

Es evidente que la corrupción no se combate con más normas ni con pactos públicos o privados. Mucho menos, con anuncios grandilocuentes de los organismos de control. Los trucos de los magos se desvanecen con la exposición a la luz. Y la obligación de las entidades está en poner los reflectores más potentes y en revisar en exceso cada una de las acciones que aquellos realizan.

Claro que se han hecho reformas, como la Ley 2022 de 2020 (que establece los pliegos tipo) o la plataforma transaccional para que las entidades estatales realicen sus procesos de contratación en línea (Secop II), significan un avance en la dirección correcta. Pero los esfuerzos son apenas un brinquito para los magos, que saben por dónde hacer el truco para que todo vuelva a quedar en el ‘lugar’ que ellos necesitan.

PEDRO MEDELLÍN TORRES

(Lea todas las columnas de Pedro Medellín en EL TIEMPO, aquí)

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