Un nuevo pensamiento militar colombiano

Un nuevo pensamiento militar colombiano

Damasco, una doctrina militar pública, de cara al país y bajo estándares Otán.

21 de diciembre 2018 , 07:52 p.m.

La doctrina Damasco está generando en el Ejército Nacional de Colombia, en la academia y el ámbito castrense en general, acertadas dosis de disrupción mental, más en las nuevas que en las antiguas generaciones, pues son los más jóvenes, muchos de ellos capacitados en ejércitos amigos, quienes han asimilado la necesidad de pensar de manera crítica y creativa. Damasco ha incorporado una nueva cultura militar y un pensamiento fresco, renovado, que se esparce por todo el hemisferio y más allá, emergiendo como referente y modelo de estudio para otras organizaciones militares y académicas.

Un lenguaje profesional común que nos hace más interoperables y, no obstante ser una doctrina para la fuerza terrestre, nos invita a la conjuntez mediante la acción unificada y nos propone, a través del enfoque integral, la combinación de los esfuerzos cooperativos de las agencias o instituciones del Gobierno, las entidades del sector privado y las FF. MM. a través de sus operaciones, para alcanzar la unidad de esfuerzo hacia el logro de un objetivo común. Programas institucionales como Fe en Colombia y Mi Vereda Modelo muestran claramente la teoría doctrinal puesta en ejecución.

Un ejército con más soldados intelectuales no significa ser una fuerza menos combatiente o inefectiva en la primera línea de batalla. Por el contrario, han sido los líderes estudiosos de la historia y las ciencias militares, que comprendieron y aplicaron los conceptos inherentes al arte y el diseño operacional, los que transformaron ejércitos y aun naciones enteras. Los ejemplos son relevantes: Jomini, cuya influencia marcó a los generales Lee y Grant, ilustres pensadores y estrategas en la guerra de Secesión americana. Clausewitz, como asesor del alto mando prusiano, fue determinante en la profunda reforma militar liderada por Moltke y Scharnhorst. Eisenhower y MacArthur, grandes estadistas cuyos planes militares inclinaron la balanza de la Segunda Guerra Mundial y la guerra de Corea, a favor de EE. UU. y sus aliados, respectivamente.

Rommel, Guderian y Von Manstein, que, aun sirviendo a un régimen oprobioso y criminal, mantuvieron su estatura de comandantes ejemplares, soldados de honor que no perdieron el rumbo político-estratégico, desobedeciendo incluso órdenes de Hitler, lo que les valió el repudio del dictador en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial.

El pasado 9 de noviembre, en el marco de la Cátedra Colombia, el señor Presidente de la república, en el emblemático teatro Patria, disertó claramente acerca de la modernización de las Fuerzas Armadas: “Una doctrina capaz de entender las amenazas, de enfrentarlas, de destruirlas; que debe combinar la fuerza disuasiva, la fuerza ofensiva, también con estratagemas bien elaboradas, con convicción profunda de agrandar el corazón con el pueblo colombiano”.

Precisamente, esa es la filosofía de Damasco, una doctrina ecléctica, moderna; un cuerpo único de conocimiento militar que suministra a los comandantes una caja de herramientas variopinta y efectiva, para vencer en ambientes complejos amenazas internas y potenciales amenazas externas.

Una doctrina militar pública, de cara al país y bajo estándares Otán, que mediante operaciones terrestres unificadas, y con la guía del mando tipo misión, es fuente vital de conocimiento para la construcción de la doctrina conjunta; pues es ahí el escenario en el cual el arte operacional permite visualizar el correcto empleo de las capacidades e integrar los fines, modos y medios; en los niveles táctico, operacional y estratégico.

La derrota final de los enemigos del Estado de derecho la propiciarán fuerzas conjuntas. Los poderes terrestre, marítimo y aéreo juntos serán imbatibles frente a la amenaza híbrida de la Colombia de hoy y los inciertos desafíos futuros.

* Director del Centro de Doctrina del Ejército Nacional de Colombia

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