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Un acto de grandeza política y dignificación

Un acto de grandeza política y dignificación

Es necesario devolver el derecho al voto a los miembros de las FF. AA. en servicio activo.

El 9 de mayo de 1958, a escasos días de su posesión como presidente de la República, Alberto Lleras Camargo pronunció un discurso en el icónico teatro Patria de Bogotá, ante cientos de oficiales de las FF. AA., y en uno de sus apartes dijo: “La política es el arte de la controversia por excelencia. La milicia es la disciplina. Cuando las Fuerzas Armadas entran a la política, lo primero que se quebranta es su unidad, porque se abre la controversia en sus filas. El mantenerlas apartadas de la deliberación política no es un capricho de la Constitución, sino una necesidad de su función”.

El país venía de un período convulsionado, el entonces presidente, teniente general Gustavo Rojas Pinilla, había entregado el poder (1953-1957) a la Junta Militar de Gobierno, que permitió una transición pacífica hacia ese pacto entre liberales y conservadores, que se conoció como el Frente Nacional, una suerte de alternancia de la presidencia entre 1958 y 1974 que dio fin a la violencia bipartidista, pero que también generó profundas divisiones e inconformidad entre los ciudadanos, pues los problemas de orden social, económico, político y de seguridad se incrementaron, sembrando la semilla ‘perfecta’ para la aparición de las Farc en 1964, el Eln en el 65, el Epl en el 67 y el M-19 en 1973, dando origen a lo que se conoce como la “primera etapa del conflicto armado interno en Colombia”.

La Ley 72 de 1930 puso fin al derecho de sufragar para militares y policías, y en la Constitución del 91, el artículo 219, en su inciso 2.º, refrendó la prohibición. La doctrina Lleras, que ha sido usada para argumentar la prohibición del voto militar, debe ser analizada en el contexto actual. Que militares y policías ejerzan su legítimo derecho al sufragio, además de que es un derecho humano ‘per se’, reivindicaría el papel de la Fuerza Pública como garante de la democracia y el Estado social de derecho. Participar en el sagrado ejercicio democrático de escoger a través del sufragio secreto a quienes deben dirigir los destinos de la nación no es “entrar en política”, ni “quebrantar la unidad” de los uniformados, ni mucho menos “abrir la controversia en sus filas”.

Que militares y policías ejerzan su legítimo derecho al sufragio, además de que es un derecho humano ‘per se’, reivindicaría el papel de la Fuerza Pública como garante de la democracia


Ha hecho carrera en la cultura política y militar colombiana, por décadas, la tesis de que los uniformados son apolíticos, y ello ha sido usado para argumentar esa “no deliberancia” que señala el artículo 219. Cada integrante de las FF. AA. tiene un pensamiento político que hace parte de su fuero interno, que por supuesto no debe expresarse públicamente en los cuarteles. ‘A contrario sensu’ es el apartidismo, es decir, les está prohibida la militancia en partidos políticos en servicio activo y, por ende, el proselitismo. Mas no se debe cercenar el derecho a manifestar una afinidad política, a través del necesario y legítimo derecho al sufragio expresado de manera responsable en las urnas, como ocurre en casi todas las democracias del mundo. En el continente americano, en solo 4 países, incluida Colombia, no les está permitido el sufragio a los militares. Los demás son Haití, Honduras y República Dominicana.

Los argumentos en contra son variados: “Que no estamos preparados”, “que no es el momento oportuno”, “que existe una exacerbada polarización”, etc. Son los mismos motivos de 1930, de 1958 y del siglo XXI. Si no es ahora, ¿cuándo? El 14 de agosto de 2013 se presentó por primera vez el proyecto de acto legislativo después de la Constitución de 1991 por el senador Édgar Espíndola, que hoy retoma, en hora buena, el partido Colombia Justa Libres, en cabeza del senador Édgar Palacio.

Colombia es el único país de Latinoamérica socio global de la Otán, nuestras FF. AA. son reconocidas por su excelencia en el ámbito multinacional. Devolver el derecho al voto a los miembros de las FF. AA. en servicio activo es un acto de grandeza política y dignificación. Portar un uniforme no los hace menos ciudadanos.

CORONEL (R) PEDRO JAVIER ROJAS GUEVARA
Analista político y militar. Experto en seguridad y defensa

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