Espíritu de cuerpo y competencia militar

Espíritu de cuerpo y competencia militar

Junto con las autoridades civiles formamos un binomio efectivo en el propósito de servir al pueblo.

16 de octubre 2020 , 09:25 p. m.

Hace casi 33 años, 500 jóvenes soñadores cruzábamos el arco de la Escuela Militar de Cadetes General José María Córdova, ubicada en la calle 80 en Bogotá, alma mater de los oficiales del Ejército Nacional de Colombia, bautizada así en honor del patrono y héroe referente de esta bicentenaria institución.

Nuestro curso militar lleva el nombre de uno de los soldados más insignes del siglo XX, el general Luis Carlos Camacho Leyva (1921-1988), un militar muy competente y de extraordinario espíritu de cuerpo, quien falleció justo el año que iniciábamos la noble carrera de las armas. Un oficial adelantado para su época, excelso pensador y orador, un intelectual cuya formación en derecho y ciencias políticas, especializado en Roma, lo pondría en un desiderátum en el gobierno del presidente Turbay, pues como ministro de Defensa, y siguiendo la guía estratégica del conductor político de la nación, sería el responsable de diseñar y presentar el denominado Estatuto de la seguridad (1978-1982), la política gubernamental para combatir las diferentes amenazas de la época, cuyo enfoque era reducir el narcotráfico y la violencia en el país y, por supuesto, proteger la vida, honra y bienes de todos los colombianos.

La democracia colombiana, una de las más sólidas del continente, se ha granjeado ese prestigio por la disciplina, obediencia y respeto de sus militares y policías a las autoridades civiles.

Precisamente, la democracia colombiana, una de las más sólidas del continente, se ha granjeado ese prestigio, entre otras razones, por la disciplina, obediencia y respeto de sus militares y policías a las autoridades civiles, encabezadas por el Presidente de la República, quien es su comandante supremo por mandato constitucional. Las Fuerzas Armadas no obedecen a partidos políticos y son subordinadas al poder civil de turno. Sin embargo, no deben ser ajenas a los asuntos político-estratégicos de la patria, sin caer en la deliberación política, pero sí con un profundo y respetuoso pensamiento crítico y creativo, para recomendar al conductor político la acertada toma de decisiones en temas atinentes al arte y la ciencia castrenses, que son la esencia de la profesión militar. Como lo relata Samuel Huntington en su libro El soldado y el Estado (1964): “El soldado debe estar siempre subordinado al estadista. La conducción de la guerra es responsabilidad de este último, porque requiere una aguda visión de la política estatal en sus relaciones más elevadas”.

La victoria de los aliados en la II Guerra Mundial se debió a la excepcional sinergia que hubo entre líderes militares y políticos altamente competentes, unidos por el esprit de corps, esa identidad de pensamiento y propósito común, lo que facilitó la comprensión de problemas operacionales complejos, produciendo planes militares sencillos con enfoques político-estratégicos correctos, que cambiaron la historia del mundo en el siglo XX.

Escribió Huntington: “(...) en 1890 el ejército inglés estaba dividido entre aquellos que todavía se adherían a la tradición de Wellington y los que querían hacer del ejército una profesión”. Los orígenes de la profesión militar se dieron en Prusia, siendo pionera en ‘intelectualizar’ a sus oficiales, después de la aparatosa derrota en la batalla de Jena (1806) a manos de Napoleón, y que gracias a líderes visionarios como Moltke, Scharnhorst y el mismo Clausewitz impulsaron una transformación desde la doctrina en las escuelas militares, proporcionando al ejército prusiano un gran nivel intelectual.

El Ejército Nacional tiene un espíritu ganador inquebrantable, con profesionales enérgicos, dedicados y comprometidos, que nos permite prevalecer sobre la adversidad y difuminar la niebla, esa a la que se refiere Clausewitz en su obra póstuma De la guerra, y que junto con las autoridades civiles constituimos un binomio efectivo en el noble y común propósito de servir y defender fielmente y con excelencia al pueblo colombiano.

Coronel Pedro Javier Rojas Guevara
Director del Centro de Doctrina del Ejército Nacional de Colombia (Cedoe).

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.